La Habana, con sus emblemáticos autos clásicos, su malecón y su historia vibrante, solía ser un imán para millones de turistas. Hoy, sin embargo, esas imágenes postales han perdido buena parte de su razón de ser. La ausencia de visitantes extranjeros se siente en cada esquina: autos antiguos con choferes esperando durante horas sin un solo cliente, autobuses turísticos circulando casi vacíos y hoteles con múltiples habitaciones desocupadas. Lo que fue durante décadas una de las principales fuentes de divisas, hoy atraviesa una de las crisis más profundas de su historia.
Según datos recientes, el turismo en Cuba ha sufrido uno de sus peores desplomes en años, con cifras que muestran una caída cercana al 70 % en el número de visitantes en comparación con 2018, antes de que comenzaran las tensiones políticas, las sanciones y las dificultades económicas que han marcado el último lustro.
Ese descenso no es sólo un titular: se traduce en cifras reales. Entre enero y agosto de 2025, Cuba recibió alrededor de 1,26 millones de turistas internacionales, lo que representa una caída de más del 21 % frente al mismo período del año anterior, según datos oficiales. Esta reducción pone en riesgo incluso alcanzar los 2,2 millones de visitantes que se registraron en 2024, cifra que ya estaba muy por debajo de los más de 4,7 millones de 2018.
En La Habana, choferes de autos clásicos como Reymundo Aldama han visto cómo su jornada laboral se ha transformado en una larga espera sin ingresos. “Esto es deprimente”, confiesa mientras observa cómo apenas unos pocos turistas se detienen a tomar fotos y se marchan sin contratar ningún paseo. Antes podía cobrar hasta 50 dólares por recorrido; ahora, para intentar atraer a los pocos visitantes, rebaja sus precios a 25 o incluso 20 dólares, sin garantía de éxito. Y esto no es ahora; desde mediados del 2025 se manifiesta esta crisis.
La crisis del turismo se ve agravada por problemas que van más allá de la falta de visitantes: apagones constantes, escasez de combustible y el deterioro de servicios básicos están entre los factores que han disuadido a potenciales viajeros de elegir Cuba como destino. Factores geopolíticos han añadido presión: la interrupción de envíos de petróleo desde Venezuela y la incertidumbre sobre el suministro de México complican aún más la situación económica general de la Isla.
Para muchas familias que dependían directa o indirectamente del turismo —conductores de autos clásicos, camareros, guías, arrendadores de casas particulares y vendedores ambulantes— la ausencia de turistas ha significado jornadas más largas y menos ingresos, y en algunos casos la necesidad de buscar alternativas para sobrevivir.
La imagen de La Habana sin turistas no es solo una postal de calles vacías: es el reflejo de una economía que lucha por mantenerse en pie mientras su sector turístico, vital durante décadas, lucha por recuperar el pulso.
Fuentes: AP, El Toque
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