El comportamiento del dólar y el euro en Cuba continúa siendo un reflejo directo de la compleja situación económica que vive el país. En un contexto marcado por la escasez de productos básicos, la inflación persistente y las limitadas vías oficiales para acceder a moneda extranjera, las divisas se mantienen en niveles elevados y con tendencia a la inestabilidad, afectando el poder adquisitivo de la población.
Según las tasas oficiales publicadas por el Banco Central de Cuba, el dólar estadounidense se cotiza alrededor de los 438 pesos cubanos (CUP), mientras que el euro alcanza aproximadamente los 524 CUP. Estas cifras ya representan valores altos para la economía doméstica, pero no son las que realmente determinan las transacciones cotidianas de la mayoría de los ciudadanos.
En la práctica, el mercado informal es el que fija el ritmo real del tipo de cambio. Plataformas independientes que monitorean estas operaciones indican que el dólar se comercializa en torno a los 485 CUP, superando con creces la tasa oficial; el euro ronda los 530 CUP, consolidándose como la divisa más fuerte (dentro de las utilizadas frecuentemente) frente al peso cubano y una de las más demandadas para compras, viajes y ahorro.
Otras monedas también presentan valores significativos. La libra esterlina supera los 600 CUP en el mercado formal, mientras que el dólar canadiense, el yuan chino y el peso mexicano muestran cotizaciones variables según su utilidad en remesas, comercio informal o viajes. Asimismo, la MLC —moneda utilizada en determinadas tiendas— se mueve cerca de los 400 CUP en el mercado paralelo, reflejando su importancia para acceder a productos que no se venden en pesos cubanos.
Las transferencias digitales también forman parte del ecosistema cambiario. Servicios como Zelle se utilizan como referencia para operaciones en dólares desde el exterior, con tasas que suelen acercarse a las del mercado informal en efectivo. Esto amplía las alternativas para recibir dinero, pero también contribuye a la fragmentación y complejidad del sistema de pagos.
La persistente brecha entre las tasas oficiales y las informales pone en evidencia la falta de confianza en el peso cubano y la alta demanda de divisas como mecanismo de protección frente a la inflación. Para muchas familias, comprar dólares o euros no es solo una necesidad para importar bienes, sino también una forma de resguardar el valor de sus ingresos.
Mientras no se amplíen de manera efectiva las opciones de acceso a moneda extranjera por canales oficiales ni se logre estabilizar la producción y el abastecimiento, es probable que el mercado informal siga siendo la referencia principal. En este escenario, el comportamiento del dólar y el euro continuará funcionando como un termómetro clave de la economía cubana y de las expectativas de la población frente al futuro inmediato.
Fuentes: El Toque - BNC
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