La periodista de medios oficiales cubanos Arleen Rodríguez Derivet, subdirectora del programa Mesa Redonda y conocida por su cercanía al gobernante Miguel Díaz-Canel, reaccionó este martes a la polémica provocada por sus declaraciones sobre José Martí y la electricidad con una disculpa parcial acompañada de un marcado giro hacia la confrontación política.
En un comentario publicado en Facebook, Rodríguez Derivet aseguró que ya se había disculpado durante la mañana en su programa radial. Sin embargo, en lugar de centrarse en el fondo de las críticas recibidas, presentó el episodio como una campaña de odio impulsada por adversarios ideológicos. Según su planteamiento, las reacciones negativas no respondieron a un cuestionamiento legítimo de sus palabras, sino a un intento deliberado de “arrastrar” su nombre desde posiciones políticas contrarias.
La periodista afirmó que no pretendía defenderse porque “sobraba intentarlo”, aunque de inmediato pasó a justificar su expresión, explicando que se trató de un comentario informal y no de una afirmación categórica. En su versión, la idea era resaltar que Martí, sin haber conocido la electricidad, produjo una obra que muchos no alcanzarían “ni con toda la luz del mundo”. Reconoció el error histórico implícito, pero evitó abordar el núcleo del malestar social: la percepción de cinismo en un país sometido a apagones de hasta 20 horas diarias.
El eje central de su respuesta fue político. A quienes la apoyan les ofreció explicaciones y disculpas; a quienes la cuestionan, los ubicó en el campo del odio ideológico, sugiriendo que carecen de autoridad moral por “militar en la acera contraria”. En ese marco, la controversia dejó de ser un debate sobre responsabilidad discursiva y pasó a convertirse, según su relato, en una ofensiva partidista.
Como parte de esa estrategia, Rodríguez Derivet formuló una serie de preguntas retóricas —sobre Venezuela, Estados Unidos y figuras políticas extranjeras— que desplazaron el foco del asunto original hacia un listado de causas y enemigos, insinuando que la crítica solo sería válida si compartía esas posiciones.
La periodista también puso en duda la reaparición del fragmento, señalando que el programa había sido transmitido meses atrás por RT, y sugirió una intencionalidad política en su rescate, incluso vinculándolo a la Marcha de las Antorchas. Así, el episodio quedó enmarcado como parte de una supuesta operación “contra nosotros”.
Rodríguez Derivet respondía, además, a un mensaje de respaldo del también periodista oficialista Abdiel Bermúdez Bermúdez, quien reconoció el error pero puso el acento en lo que calificó como un “linchamiento” mediático. En su defensa, Bermúdez normalizó la cercanía de la comunicadora al poder, presentando su amistad con el presidente no como un conflicto de interés, sino como un acto de franqueza personal, una postura que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre independencia editorial y credibilidad en el sistema mediático cubano.
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