El excapo del Cartel de Medellín, Carlos Lehder Rivas, volvió a generar polémica tras revelar detalles estremecedores sobre el régimen de reclusión en cárceles de máxima seguridad en Estados Unidos, instalaciones en las que —según sus declaraciones— se encuentra actualmente Nicolás Maduro, acusado por la justicia estadounidense de conspiración narcoterrorista, tráfico de cocaína y posesión ilegal de armas, entre otros cargos.
En recientes entrevistas y apariciones públicas, Lehder aseguró que pasó al menos 15 días en el mismo tipo de prisión donde hoy estaría recluido el dictador venezolano. Desde su experiencia personal, describió un sistema de aislamiento extremo que definió como un verdadero “planeta oscuro”.
“El confinamiento es solitario hasta el día en que el cuerpo no resista más”, afirmó Lehder en el pódcast Más allá del silencio. Según su testimonio, los presos considerados de alta peligrosidad son sometidos al nivel más alto de custodia permitido por las leyes estadounidenses. “No hay luz, no hay sol, no existe conversación ni contacto humano, salvo con los guardias que te entregan la comida”, relató.
Lehder, quien fue sentenciado originalmente a cadena perpetua más 135 años —pena que luego fue reducida por su colaboración con la justicia—, explicó que Maduro estaría bajo estricta vigilancia en una cárcel de Brooklyn, donde cada movimiento es monitoreado por cámaras y controles constantes. “Cada hora, día y noche, un guardia viene personalmente a observarte”, aseguró.
El excapo también afirmó que no existen visitas presenciales. “Visitas conyugales, cero. No hay visitas personales, solo por televisión”, dijo, insistiendo en que el aislamiento es total. “Nunca vas a estar con ningún preso, no hay contacto humano de ninguna índole”.
A partir de su paso por prisiones como Marion, en Illinois, y su conocimiento sobre el complejo de Florence, en Colorado —considerado uno de los más duros del sistema penitenciario estadounidense—, Lehder describió celdas pequeñas, ubicadas incluso varios pisos bajo tierra. Según su relato, estos espacios pueden medir apenas tres por cinco metros y están diseñados para minimizar cualquier estímulo externo.
“Es el planeta oscuro. Uno tiene que convertirse en su propio psicólogo. El orden mental es primordial, hay que tratar de mantenerlo”, expresó al recordar su experiencia, marcada por largos años de aislamiento.
Su hija, Mónica Lehder, también recordó en entrevistas previas cómo su padre estuvo recluido hasta seis pisos bajo tierra, con comunicación telefónica muy limitada y severas restricciones al contacto físico durante las visitas.
Lehder cumplió cerca de 34 años en prisión antes de recuperar la libertad, gracias a reducciones de condena por buen comportamiento y colaboración. Asegura que el encarcelamiento fue una forma de “tortura psicológica”, y que sobrevivió gracias a la lectura, especialmente de biografías, que le permitían “salir mentalmente de la celda”.
Hoy, a sus 76 años, Lehder se presenta como un hombre arrepentido, sin fortuna, dedicado a escribir y promocionar su libro autobiográfico desde Armenia, Colombia. Aunque su pasado como figura clave del narcotráfico lo convirtió en uno de los criminales más notorios de su época, ahora utiliza su experiencia para describir lo que, según él, enfrenta cualquier preso sometido al régimen más severo del sistema penitenciario estadounidense.
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