El cierre del suministro de petróleo de Venezuela ha sumido a Cuba en una de sus peores crisis energéticas recientes, provocando largas colas en las gasolineras, escasez de combustibles y un incremento descontrolado de los precios, según reportes de medios y testimonios ciudadanos recopilados por EFE y Martí Noticias.
Sentado sobre su motocicleta, bajo el sol abrasador de La Habana, Jesús Méndez, de 66 años, resumía la sensación de muchos cubanos: «Esto está duro… ¿y de dónde vamos a sacar gasolina si aquí el petróleo que hay está lleno de azufre y no sirve para nada?». La situación refleja el impacto inmediato de la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y el cierre del grifo de crudo hacia la isla, que históricamente cubría un 30 % de las necesidades energéticas cubanas.
La falta de combustible ha reactivado un fenómeno bien conocido en la isla: las colas en los servicentros. Sin embargo, esta vez la urgencia es diferente, como explica Yanely, una residente de 46 años, que lleva más de una hora esperando en la fila frente al Malecón. «Ya no son las colas fantasma de antes; ahora la gente viene por miedo a quedarse sin gasolina», asegura.
La crisis afecta de manera desigual a la población. En La Habana, los surtidores dolarizados reciben prioridad, mientras que las estaciones que cobran en pesos cubanos permanecen vacías. Carlos, de 76 años, logró llenar su tanque solo tras pagar en dólares en el mercado negro, mientras espera que la aplicación estatal Ticket le asigne turno, lo que puede tardar meses.
Los economistas anticipan un efecto devastador: Miguel Alejandro Hayes estima que el fin del petróleo venezolano podría reducir el PIB cubano en un 27 %, incrementar el costo de los alimentos un 60 % y encarecer el transporte un 75 %. El impacto se extiende más allá de los automóviles; la producción eléctrica y los servicios básicos, dependientes de diésel y gasolina, se ven gravemente comprometidos. Este lunes, la Unión Eléctrica de Cuba pronosticó un déficit de 1.987 megawatts durante la máxima demanda, afectando a más de la mitad del país.
La escasez también ha alimentado un mercado informal donde los precios son exorbitantes. En varias provincias, el litro de gasolina alcanza entre 700 y 1.200 pesos, según denuncias de usuarios en redes sociales y reportes de Martí Noticias. Activistas y ciudadanos describen la situación como «inhumana» e insostenible, con familias obligadas a recurrir a vendedores privados para cubrir necesidades básicas, desde cocinar hasta movilizarse para trabajar.
Expertos advierten que la situación podría empeorar. Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe en la Universidad de Texas, señala que sin los 32.000 a 35.000 barriles diarios de crudo venezolano, la isla enfrenta un colapso económico, comprometiendo transporte, plantas eléctricas y servicios esenciales. Además, medios internacionales como Politico y Reuters señalan que Estados Unidos y México podrían interrumpir aún más los suministros, intensificando la crisis.
Mientras los cubanos hacen filas bajo el sol y pagan precios exorbitantes por la gasolina, la isla enfrenta un desafío que combina la vulnerabilidad energética histórica con la tensión geopolítica actual. La falta de petróleo venezolano no solo encarece la vida diaria, sino que pone a prueba la resiliencia de un país que ha aprendido a vivir al límite, en espera de que el suministro vuelva a fluir o de que surjan nuevas soluciones estatales.
Fuente: EFE y Martí Noticias
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