El miedo ya no es solo una sospecha: la política de visados de Estados Unidos bajo Donald Trump ha encendido las alarmas en el mundo del deporte internacional. El primer indicio se vio durante el sorteo del Mundial de Fútbol celebrado en diciembre en Washington, cuando Irán decidió no asistir. Miembros de su federación no pudieron obtener los visados necesarios, lo que llevó al país asiático a tomar la decisión de boicotear la ceremonia, dejando en evidencia la tensión entre la FIFA y la política estadounidense.
La organización mundial de fútbol, presidida por Gianni Infantino, quedó en el centro de la polémica. La federación iraní explicó que su decisión era exclusivamente política y solicitó a la FIFA que intercediera, sin obtener respuesta. La imagen fue un recordatorio de que los boicots, lejos de ser una reliquia del pasado, vuelven a aparecer en la agenda deportiva internacional frente a políticas intervencionistas y proteccionistas.
La preocupación no se limita al fútbol. Expertos y figuras políticas europeas han planteado abiertamente la posibilidad de un boicot a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La imprevisibilidad de la política estadounidense, con episodios recientes en Groenlandia, Venezuela y Cuba, genera inquietud en los comités olímpicos. Incluso asesores y exdiputados británicos han discutido públicamente esta opción en podcasts especializados, resaltando la seriedad del escenario.
El problema principal radica en los visados. La FIFA ya habilitó un registro de acceso para aficionados, con entrevistas y filtros estrictos, afectando a 75 países que tradicionalmente enfrentan dificultades para obtener permisos de entrada. Durante el sorteo del Mundial, la delegación iraní experimentó en primera persona la rigidez de las reglas, un ejemplo de lo que podría suceder en un escenario olímpico más amplio.
El Comité Olímpico Internacional observa con preocupación. Históricamente, los casos de conflicto político—Israel-Palestina, Ucrania-Rusia—han requerido medidas excepcionales, pero la política de Trump podría multiplicar los rechazos de visados. Cuba ya ha advertido que, de mantenerse estas restricciones, no enviará delegación a Los Ángeles, recordando sus ausencias en los Juegos de 1984 y 1988.
El fantasma del boicot se cierne sobre el deporte. Con la posibilidad de que hasta el 50% de los miembros de una delegación internacional no obtengan visado, la pregunta es inevitable: ¿cuántos países se verían obligados a cancelar su participación? El Mundial será la primera prueba de fuego este verano, y Los Ángeles 2028 se perfila como un desafío aún mayor para la credibilidad de los grandes eventos deportivos frente a las barreras políticas.
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