Este domingo 25 de enero, vecinos de Boca Ciega, en la zona de Santa María del Mar, municipio Habana del Este, despertaron con una escena poco común pero cada vez más frecuente en distintos puntos del país: en varias casas abandonadas aparecieron carteles con mensajes directos contra el régimen castrista y a favor de la libertad del pueblo cubano.
Las consignas, visibles desde la vía pública, expresaban el creciente descontento popular frente a la crisis económica, la falta de libertades y el deterioro general de las condiciones de vida. Mensajes acompañados de etiquetas como #SOSCuba, #PatriaYLibertad y #AbajoLaDictaduraCastrista reflejan el sentir de muchos ciudadanos que, aun bajo vigilancia y represión, buscan formas de manifestarse y hacer escuchar su voz.
Boca Ciega es una comunidad costera marcada por el abandono, con numerosas viviendas en ruinas o deshabitadas, servicios básicos inestables y escasa presencia institucional. Precisamente en ese escenario, los carteles se convierten en un símbolo de protesta silenciosa pero contundente, aprovechando espacios olvidados para lanzar un mensaje que no puede ser fácilmente ignorado por quienes transitan la zona.
Según residentes, no es la primera vez que se observan expresiones de inconformidad en el área. En meses recientes se han reportado comentarios, discusiones públicas y pequeños actos de protesta, motivados por los apagones prolongados, la escasez de alimentos, el alza de los precios y la falta de perspectivas para los jóvenes. Muchos habitantes dependen del trabajo informal o de remesas, mientras el turismo cercano contrasta con la precariedad cotidiana de las comunidades locales.
Este tipo de manifestaciones, aunque pacíficas, se producen en un contexto donde la expresión política independiente puede acarrear consecuencias graves, incluyendo interrogatorios, vigilancia y detenciones. Por ello, el hecho de que sigan apareciendo mensajes críticos en espacios públicos evidencia un nivel de hartazgo que supera el miedo.
Las casas abandonadas, testigos mudos del deterioro urbano y social, se convierten así en lienzos de denuncia. Allí donde antes hubo familias, hoy quedan paredes rotas que ahora sostienen palabras de protesta. Es una metáfora cruda de la realidad: comunidades que se vacían, sueños que se pierden y un pueblo que, aun en medio de la precariedad, continúa reclamando cambios.
Lo ocurrido en Boca Ciega se suma a una cadena de acciones similares reportadas en otras provincias, confirmando que el descontento no es aislado ni ocasional. Es la expresión de una crisis profunda que no se resuelve con silencio ni con represión, y que sigue empujando a los ciudadanos a buscar cualquier resquicio para decir, alto y claro, que quieren un futuro distinto.
Fuente: La Tijera
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