Un poste eléctrico en avanzado estado de deterioro colapsó en plena vía pública en el corazón de El Vedado, a solo dos cuadras del Hotel Habana Libre, en la intersección de 27 y L. La estructura cayó sobre un edificio multifamiliar y arrastró consigo transformadores y cables activos, creando una escena de alto riesgo para residentes, peatones y conductores que transitaban por una de las zonas más concurridas de La Habana.
Testigos aseguran que el poste llevaba meses mostrando señales evidentes de deterioro: madera podrida, base corroída por la humedad y filtraciones constantes, inclinación progresiva y ausencia total de reparaciones. Era, en la práctica, una tragedia anunciada. Solo por pura suerte no hubo víctimas, pero el impacto pudo haber sido devastador, con posibilidades reales de electrocución, incendios o colapso parcial del inmueble afectado.
Este hecho no es un caso aislado. En distintos puntos de la ciudad se repite el mismo patrón: balcones que se desploman, fachadas agrietadas, techos con apuntalamientos improvisados y calles con alcantarillas sin tapa que representan trampas mortales, especialmente de noche. En barrios como Centro Habana, San Leopoldo o partes de Diez de Octubre, los derrumbes parciales se han vuelto parte de la rutina diaria, mientras familias enteras viven bajo estructuras que amenazan con caer en cualquier momento.
A esto se suma el deterioro del alumbrado público, cables colgando a baja altura, postes inclinados, transformadores sobrecargados y constantes apagones que afectan no solo la calidad de vida, sino también la seguridad. En zonas cercanas a escuelas, hospitales y paradas de ómnibus, el riesgo es aún mayor, pues el flujo de personas es constante.
Resulta alarmante que situaciones como esta ocurran incluso en áreas consideradas “prioritarias” por su cercanía a hoteles, centros culturales y espacios turísticos. Mientras se levantan nuevas torres y se remodelan fachadas visibles, la infraestructura básica —la que sostiene la vida diaria de los ciudadanos— continúa degradándose sin planes efectivos de mantenimiento preventivo.
El colapso de este poste en El Vedado es una advertencia clara: la ciudad no solo envejece, se desmorona. La pregunta ya no es si ocurrirá una tragedia mayor, sino cuándo y dónde. La prevención no puede seguir siendo una promesa vacía. Cada poste que no se revisa, cada edificio que no se refuerza y cada calle que no se repara es una ruleta rusa urbana que pone en juego vidas humanas.
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