La crisis de combustible en Cuba continúa afectando a empresas, transportistas y ciudadanos, pero para el primer ministro Manuel Marrero, la solución parece residir en pronunciar discursos llenos de buenas intenciones y en señalar alternativas locales que en la práctica no se concretan, sencillamente, porque no se pueden concretar.
Durante la reunión mensual de máximas autoridades de gobierno, Marrero insistió en la necesidad de sustituir los combustibles y fortalecer vías propias a nivel territorial, subrayando que se requiere un control más riguroso de los avances en todos los sectores.
El problema es que, mientras Marrero habla de control y alternativas, la población sigue sufriendo apagones frecuentes y severas limitaciones en el suministro de combustibles, sin detalles claros sobre cómo ni cuándo se implementarán estas soluciones. Su insistencia en la supervisión territorial y en la búsqueda de alternativas locales suena más a una declaración de intención que a una acción concreta, dejando la sensación de una gestión demagógica frente a una crisis tangible.
En un intento de mostrar apertura, Marrero reconoció el papel de las mipymes cubanas, que han comenzado a importar combustibles, asegurando que sus aportes son fundamentales para garantizar la vitalidad de algunos centros estratégicos. Sin embargo, la realidad es que las empresas privadas y cooperativas que dependen de combustible siguen enfrentando intermediación estatal, costos inciertos y trámites burocráticos, sin que se conozcan márgenes comerciales ni plazos de aprobación claros. Esto evidencia que la “facilitación” prometida todavía no se traduce en soluciones reales para quienes más lo necesitan.
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera Óscar Pérez-Oliva Fraga complementó la estrategia anunciando que cualquier empresa con capacidad podría importar carburantes desde el exterior, pero nuevamente sin detallar los mecanismos, los costos finales ni cómo se evitará que los precios se disparen en un mercado ya tensionado. La promesa de diversificar importadores suena, en la práctica, a una declaración de buena voluntad más que a una estrategia operativa concreta.
En redes sociales, las reacciones fueron críticas: ciudadanos y empresarios cuestionan la efectividad de la medida y dudan sobre el impacto real en la disponibilidad de combustible. La combinación de discursos grandilocuentes y falta de acción concreta refuerza la percepción de demagogia estatal: Marrero habla de soluciones y control, mientras la escasez y los apagones continúan siendo parte de la vida cotidiana en Cuba.
La crisis energética persiste y el gobierno parece más interesado en mostrar preocupación que en resolver problemas, usando el reconocimiento de las mipymes y las promesas de control como herramientas de propaganda más que como medidas efectivas para aliviar la escasez de combustible.
Fuentes: AP/EFE/Reuters
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