El gobierno de Matanzas ha comenzado a implementar medidas que dejan claro que los ciudadanos deberán adaptarse a una vida de escasez extrema, mientras la dictadura no acaba de reconocer su incapacidad para enfrentar el colapso económico y energético que atraviesa la provincia. Según el propio Mario Sabines Lorenzo, Primer Secretario del Partido en Matanzas, “nuestra realidad está cambiando, nos guste o no, y hay que buscar variantes”, frase que revela la aceptación oficial de un escenario de carencias prolongadas.
Entre las iniciativas anunciadas, destacan la adecuación de hornos de panaderías para el uso de leña, el suministro de alimentos cocinados en círculos infantiles, la venta controlada de carbón y productos elaborados, y la supervisión de precios de productos básicos como arroz y aceite. Estas medidas reflejan la incapacidad del Estado para garantizar la producción y distribución de alimentos a través de medios convencionales, obligando a la población a depender de métodos rudimentarios similares a los que enfrentaban los pueblos indígenas en tiempos de extrema carencia.
El encuentro, presidido por las principales autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia, también abordó la producción de medicina natural, ante el déficit de fármacos en farmacias, así como la recogida de desechos sólidos y la atención a los servicios básicos afectados por prolongados cortes eléctricos. Kenny Cruz González, subdirector técnico de la Empresa Eléctrica Provincial, informó sobre daños en varias subestaciones y averías prolongadas, con circuitos que el lunes llegaron a 28 horas sin energía, mientras que el martes se logró una rotación mínima del suministro.
Los problemas de salud también fueron eje de la reunión: distribución de oxígeno, atención a pacientes de hemodiálisis y oncología, y funcionamiento de ambulancias. La falta de energía eléctrica compromete incluso estos servicios esenciales, obligando a soluciones improvisadas que evidencian la precariedad a la que se enfrenta la población.
El propio Sabines reconoció la magnitud de la crisis: afectaciones en la cosecha de frijol y la distribución de leche para niños en la Ciénaga de Zapata son ejemplos de cómo la falta de planificación y la incapacidad de la dictadura para enfrentar el desastre económico dejan a los matanceros a merced de recursos mínimos.
Las medidas aprobadas y discutidas por la élite del Partido y el Gobierno provincial no representan soluciones reales, sino adaptaciones forzadas a la extrema carencia, que obligan a la población a vivir de manera rudimentaria mientras el régimen continúa su política de improvisación y control sobre cada aspecto de la vida cotidiana. La propaganda oficial llama a “buscar variantes”, pero la realidad indica que los ciudadanos están siendo preparados para sobrevivir con lo mínimo, como los pueblos indígenas enfrentando la escasez más absoluta.
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