Una visita al Combinado del Este, una de las prisiones más conocidas de Cuba, llevó al activista Leo Fernández Cruz a compartir una serie de observaciones y testimonios sobre las condiciones de vida de varios reclusos vinculados a las protestas del 11 de julio de 2021. En un relato publicado en redes sociales, describe largas esperas para familiares, alimentación deficiente, condiciones materiales precarias y diferencias de trato entre presos cubanos y extranjeros. Las afirmaciones corresponden a su experiencia personal y a conversaciones sostenidas con internos durante su estancia en el centro penitenciario.
"Durante una visita al Combinado del Este, en La Habana, tuve la oportunidad de conversar con varios reclusos relacionados con las manifestaciones del 11 de julio de 2021 y observar de cerca algunos aspectos de la realidad que, según ellos, enfrentan diariamente dentro de la prisión. Lo que encontré fue una combinación de largas esperas, denuncias sobre las condiciones de vida y relatos que reflejan el paso del tiempo para quienes permanecen privados de libertad desde aquellos acontecimientos", así comienza su relato Fernández Cruz.
La jornada comenzó con una extensa espera para los familiares que acudían a visitar a sus seres queridos. Según le explicaron, el acceso a los encuentros sufrió retrasos debido a cuestiones organizativas internas. Varias personas permanecieron durante horas aguardando autorización para ingresar al centro.
En las conversaciones con los internos surgieron numerosas quejas relacionadas con la alimentación. Algunos describieron los alimentos que reciben diariamente como insuficientes o de baja calidad. También señalaron que dentro del penal existen áreas destinadas a la cría de animales y otras actividades productivas, aunque aseguraron no percibir beneficios directos de esas producciones en su dieta cotidiana.
Otro de los temas mencionados fue la realización de trabajos durante determinadas horas del día. Algunos reclusos afirmaron que participan en labores de mantenimiento y otras actividades dentro del recinto penitenciario, y expresaron preocupación por las consecuencias que podría tener negarse a realizarlas.
Asimismo, escuché comentarios sobre diferencias en las condiciones de alojamiento entre determinados grupos de internos. Según los testimonios recibidos, algunos presos extranjeros contarían con comodidades que no están disponibles para la mayoría de los reclusos cubanos. Estas afirmaciones no pudieron ser verificadas de manera independiente durante la visita.
Las instalaciones también mostraban señales evidentes de deterioro. En las áreas destinadas a las visitas se observaban desperfectos estructurales y condiciones que varios familiares consideraron inadecuadas. Los reclusos, por su parte, hablaron de problemas relacionados con el estado de los colchones y la presencia de insectos en algunas áreas de descanso.
Cinco años después de las protestas del 11 de julio, muchos de los internos con los que conversó Leo Fernández Cruz aseguran que las condiciones de encarcelamiento representan una carga adicional al cumplimiento de sus condenas. Sus relatos reflejan la percepción de quienes continúan esperando cambios en su situación jurídica y personal, mientras familiares y allegados mantienen la esperanza de que puedan recuperar su libertad en el futuro.
Fuente: Leo Fernández Cruz