Villa Clara atraviesa momentos críticos ante el desabastecimiento de combustible y la escasez de recursos energéticos, pero la resiliencia de sus trabajadores y comunidades demuestra que incluso en circunstancias extremas, la creatividad y la solidaridad pueden garantizar que las familias tengan acceso a los alimentos más necesarios.
En un programa radial de la CMHW, la directora del Comercio Interior en la provincia Digna Morales, las bodegas han reajustado sus horarios para adaptarse a la crisis, manteniéndose abiertas hasta altas horas para garantizar la entrega de pan, leche y otros productos básicos... ¡cuando los haya! Y es que la disponibilidad de alimentos sigue dependiendo de la llegada de barcos, donaciones internacionales y la planificación logística, lo que convierte cada distribución en un verdadero desafío.
Ante la falta de energía eléctrica y combustible, los centros de elaboración de alimentos han recurrido a métodos tradicionales como la leña y el carbón, cocinando no solo en la red estatal de gastronomía sino también en comedores comunitarios. Gracias a un proyecto con la comunidad española de Canarias, se han recibido donaciones de pollo y carne de res, ampliando la oferta y asegurando que los cubanos puedan contar con proteínas esenciales.
Además, los trabajadores del sector no descansan: muchos laboran en organopónicos y parcelas de tierra durante los fines de semana, produciendo comida directamente para la comunidad. “Producir alimentos en las circunstancias más difíciles siempre será nuestro desafío”, afirmó Morales, destacando el esfuerzo conjunto de la población y el personal estatal.
El director de la Empresa Productora de Alimentos Odel Dueñas,explicó que, por el momento, se garantiza principalmente la venta diaria de pan a niños menores de 13 años y adultos mayores de 65, mientras que el resto de la población depende de la llegada de harina de trigo y otros insumos. Para evitar acaparamiento o reventa, la venta se regula a través de la libreta de abastecimiento, asegurando una distribución más justa.
A pesar de los apagones prolongados y las condiciones adversas, los hornos de carbón y cuje siguen produciendo pan, frituras, croquetas y dulces, demostrando que la resiliencia y la colaboración comunitaria son la clave para enfrentar esta crisis.
Villa Clara muestra que, aunque los recursos sean limitados, la voluntad de servir y la creatividad permiten mantener a la población alimentada y unida frente a la adversidad. Este esfuerzo colectivo no solo garantiza la subsistencia, sino que también refuerza la solidaridad y el espíritu de comunidad que caracteriza a la región.
Fuente: CMHW
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