La crisis energética que atraviesa Cuba comienza a reflejarse con fuerza en la disponibilidad de productos esenciales en las bodegas del país. En varias provincias, las autoridades han implementado medidas para enfrentar la llamada “Opción Cero”, un plan impulsado por Miguel Díaz-Canel que indica que los municipios solo podrán consumir lo que produzcan localmente.
Esto ha generado una reorganización en la distribución de la canasta básica y nuevas restricciones en productos clave además de la mayor de las incertidumbres y comentarios sobre qué verdaderamente produce un municipio para alimentar a su población.
En Villa Clara, por ejemplo, no se planea la llegada de arroz donado este año y la entrega del Programa Mundial de Alimentos (PMA) aún no ha comenzado debido a la programación trimestral de sus envíos. La situación ha obligado a los responsables de comercio a informar a la población únicamente cuando los productos estén disponibles, con el fin de evitar falsas expectativas. Además, se está apostando por integrar más alimentos locales en la distribución, aunque artículos de alta demanda, como el azúcar, continúan llegando en cantidades insuficientes.
El abastecimiento de pan es uno de los aspectos más críticos. Actualmente, solo se garantiza su entrega a niños de hasta 13 años y adultos mayores de 65 años, debido a la falta de insumos y a la imposibilidad de encender hornos que requieran electricidad, gas o petróleo.
Existen alternativas: los hornos de leña. En ese caso, cada municipio ha implementado reglas propias: en Santa Clara, por ejemplo, las familias solo pueden comprar dos panes y los horarios de venta se adaptan según la demanda.
Para hacer frente al desabastecimiento, algunos municipios han ajustado los horarios de las bodegas y promueven la venta de caldosa en días alternos como opción más económica. A su vez, la producción local se ha intensificado mediante fincas, organopónicos y huertos comunitarios, con la colaboración de trabajadores del sector, buscando suplir parcialmente la falta de importaciones.
Sin embargo, la distribución enfrenta obstáculos logísticos debido a la escasez de combustible, lo que complica el transporte de alimentos a lo largo del país. Además, proyectos internacionales, como los provenientes de España, también han sufrido retrasos en su llegada.
La combinación de crisis energética, limitaciones de transporte y escasez de insumos ha transformado la forma en que los cubanos acceden a alimentos básicos, generando incertidumbre y la necesidad de nuevas estrategias de consumo y producción local para garantizar la subsistencia de los más vulnerables.
Fuente: Periódico Cubano
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