Una nación en pausa: Cuba entre apagones, pobreza y dependencia de donaciones
Redacción de CubitaNOW ~ jueves 19 de febrero de 2026
La profunda crisis económica que atraviesa Cuba ha reabierto un debate esencial: ¿puede una nación de casi diez millones de habitantes sobrevivir dependiendo de ayudas externas y donaciones?
En los últimos años, la economía cubana ha mostrado signos evidentes de contracción. Diversos análisis estiman que el Producto Interno Bruto ha caído alrededor de un 15 % en el período reciente, reflejando una combinación de baja productividad, escasez de divisas, caída de exportaciones y reducción del turismo. La industria opera muy por debajo de su capacidad, muchas fábricas funcionan con tecnología obsoleta y la infraestructura vial y energética presenta un deterioro acumulado durante décadas.
Uno de los puntos más críticos es el sistema eléctrico. Los apagones prolongados y frecuentes afectan tanto a la población como al sector productivo, paralizando actividades económicas y reduciendo aún más la capacidad de recuperación. Sin energía estable, resulta imposible sostener un crecimiento industrial o atraer inversión significativa.
Históricamente, la economía cubana dependió en gran medida de apoyos externos. Durante décadas recibió amplios subsidios de la extinta Unión Soviética, que garantizaban mercados preferenciales y suministro de petróleo. Tras la desaparición del bloque socialista, la isla encontró un nuevo respaldo en Venezuela, particularmente mediante acuerdos energéticos que cubrían buena parte de sus necesidades de combustible. Sin embargo, ese suministro se ha visto interrumpido tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en una operación autorizada por Donald Trump a principios de enero de 2026, y desde entonces no se han registrado envíos regulares de crudo desde Venezuela hacia Cuba.
En el discurso oficial, las autoridades cubanas atribuyen las dificultades al embargo económico impuesto por Estados Unidos. No obstante, economistas dentro y fuera de la isla indican problemas estructurales internos: limitada apertura al sector privado, fuerte centralización estatal, baja inversión extranjera efectiva y escasos incentivos a la producción.
La pregunta de fondo sigue siendo si un país puede sostener su funcionamiento básico —alimentación, energía, transporte, salud— dependiendo principalmente de donaciones o ayudas humanitarias. Las donaciones, por definición, son coyunturales e impredecibles. No sustituyen una base productiva sólida ni garantizan estabilidad a largo plazo. Además, suelen estar destinadas a emergencias específicas y no a financiar el aparato completo de un Estado.
Para una nación del tamaño de Cuba, la sostenibilidad económica requiere generación constante de riqueza interna, diversificación productiva, infraestructura moderna y acceso a inversión. Sin estos elementos, la dependencia externa tiende a perpetuar ciclos de vulnerabilidad.
El desafío, por tanto, no es solo resistir la crisis actual, sino construir un modelo que permita crecimiento real y sostenido. En ausencia de reformas estructurales profundas y de condiciones que impulsen la producción y la inversión, resulta difícil imaginar que un país entero pueda vivir indefinidamente de donaciones. La historia económica demuestra que la ayuda puede aliviar, pero rara vez sustituye el desarrollo.