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Por qué los “temibles” misiles rusos S‑300 desplegados en Venezuela no funcionaron durante el ataque de EE.UU. para capturar a Maduro (Video)

Redacción de CubitaNOW ~ martes 6 de enero de 2026

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A pesar de que el régimen de Nicolás Maduro presumió durante años de contar en su territorio con sistemas de defensa aérea avanzados como los misiles rusos S-300VM “Antey-2500”, esos armamentos no impidieron que una fuerza estadounidense altamente tecnológica lograra neutralizar eficazmente la defensa venezolana en una operación para capturar al propio presidente. La explicación está en la inmensa brecha entre la capacidad real de las fuerzas armadas venezolanas y el poderío militar norteamericano.

Los misiles S-300VM son sistemas de defensa aérea de largo alcance importados de Rusia, capaces, en teoría, de detectar e interceptar aviones, misiles de crucero y otros objetivos aéreos a decenas de kilómetros de distancia. En configuración ideal, pueden generar cobertura estratégica por encima de los 200 km, cubriendo amplias zonas del espacio aéreo. Sin embargo, estas capacidades dependen de mantenimiento constante, logística especializada y entrenamiento avanzado, aspectos en los que las fuerzas venezolanas han tenido dificultades crónicas.

Además, aunque Venezuela ha desplegado varias baterías de estos sistemas alrededor de Caracas, su red de defensa integrada nunca alcanzó niveles comparables a los de una verdadera defensa aérea moderna, similar a la que poseen grandes potencias. Las capacidades de radar, la integración entre distintos sistemas y la resiliencia frente a ataques electrónicos son limitadas. Estas limitaciones permiten a una fuerza con capacidad de guerra electrónica y superioridad aérea abrumadora neutralizar o degradar rápidamente los sistemas antiaéreos en un ataque coordinado.

Por su parte, el arsenal venezolano sufre décadas de falta de mantenimiento, repuestos y entrenamiento operativo. Aunque existen otras capas de defensa con sistemas Buk y Pechora, así como misiles portátiles Igla, ninguno de estos componentes por sí solo puede detener a una fuerza con superioridad tecnológica y táctica integral.

Del otro lado, el Ejército de Estados Unidos posee un conjunto de capacidades combinadas que superan ampliamente cualquier defensa que pueda montar Venezuela. La Marina y la Fuerza Aérea cuentan con aviones furtivos como el F-35, guerra electrónica avanzada, aeronaves de alerta temprana AWACS y misiles de precisión, todos diseñados para penetrar y suprimir defensas antiaéreas. Además, los despliegues de portaaviones, buques de superficie, helicópteros de operaciones especiales y drones proporcionan una masa crítica de fuerza que puede dominar el espacio aéreo antes de que los sistemas enemigos siquiera puedan reaccionar.

Otra ventaja estadounidense es la guerra electrónica y cibernética, herramientas que permiten interferir con radares, comunicaciones y sistemas de comando y control del adversario. En un conflicto real, estas capacidades suelen ser prioritarias para “cegar” defensas como los S-300 antes de lanzar ataques con precisión. La combinación de tecnología de sigilo, sensores avanzados y contramedidas electrónicas reduce drásticamente la efectividad de sistemas antiaéreos más antiguos y dependientes de redes de radar estáticas.

La falta de preparación, coordinación y moral dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ha sido señalada como un factor adicional que limita cualquier respuesta efectiva ante una amenaza real. Los sistemas pueden estar físicamente presentes, pero sin el respaldo de logística sólida, entrenamiento continuo y doctrina de uso en combate moderno, su efecto disuasorio se reduce drásticamente frente a un adversario como Estados Unidos.


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