Obligados a marchar; el lado invisible de la “voluntariedad” en cuba
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 17 de enero de 2026
Hace apenas unas horas, este viernes 16 de enero, se repitió lo que es, sin dudas, la realidad de los actos políticos en Cuba. La imagen que los medios oficialistas presentan sobre mismos—la de un pueblo “entusiasta” y “voluntario”— se desvanece cuando se examinan los mecanismos internos que los sostienen. Un ejemplo claro resulta en un comunicado interno del Hospital Provincial "Saturnino Lora" en Santiago de Cuba, donde se revela que el personal sanitario es utilizado para garantizar la presencia en las marchas organizadas por el régimen.
El mensaje, dirigido a todo el personal del hospital, instruía que el viernes 16 de enero se trabajaría “como un domingo”, no por una emergencia de salud, sino por la obligación de participar en un acto de reafirmación revolucionaria. La orden no dejaba espacio para la elección personal: médicos, enfermeros y trabajadores de apoyo debían presentarse a las 7:00 a.m. en la Plaza de la Revolución, frente al monumento al machete de "Antonio Maceo", vestidos únicamente de blanco o negro.

El incumplimiento de la instrucción sería motivo de “análisis” por la dirección del hospital, y la asistencia sería verificada mediante listas y firmas. Este control formal evidencia que la llamada “espontaneidad” de la movilización no es más que una construcción administrativa: la presión laboral, el temor a sanciones y la coacción institucional son los verdaderos motores de estas demostraciones públicas.
En un contexto donde el sistema de salud enfrenta severas limitaciones de recursos, turnos extenuantes y una sobrecarga laboral constante, obligar al personal a abandonar su descanso o asumir jornadas extremas para cumplir con agendas políticas es un ejemplo claro de cómo la autoridad prioriza la propaganda sobre la vida de los ciudadanos.
Más allá de Santiago de Cuba, este patrón refleja una práctica generalizada: actos políticos que se presentan como voluntarios son, en realidad, fruto de instrucciones jerárquicas, amenazas veladas y control sistemático. La apariencia de entusiasmo colectivo oculta la obediencia forzada y la simulación, mostrando que, en Cuba, incluso la “participación espontánea” está cuidadosamente planificada y escrita.
El mensaje del hospital expone la tensión entre la vida profesional y las demandas políticas, y deja en evidencia la vulnerabilidad de quienes trabajan en sectores críticos, obligados a cumplir con un ritual que poco tiene que ver con la elección personal o el compromiso ciudadano.
Del perfil de Yosmany Mayeta Labrada