El régimen cubano arremete contra la ayuda humanitaria de EE.UU.
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 7 de febrero de 2026
La reciente ayuda humanitaria de tres millones de dólares enviada por el Gobierno de Estados Unidos a los damnificados del huracán Melissa en el oriente de Cuba ha provocado una reacción predecible del aparato propagandístico del régimen. El portal oficialista Cubadebate dedicó un artículo a descalificar esa asistencia, no desde una evaluación objetiva de su impacto, sino desde la incomodidad política que genera su eficacia y visibilidad.
La dictadura cubana, incapaz de reconocer la profunda debacle de un sistema que durante más de seis décadas ha producido escasez, pobreza y dependencia, vuelve a refugiarse en el discurso de la conspiración. Esta vez, el “enemigo” no es solo el embargo, sino también la ayuda que llega directamente a la población y deja en evidencia la ineficiencia estructural del Estado.
Según Cubadebate, la asistencia estadounidense respondería a intereses políticos y estaría “sobrevalorada” en términos contables. Sin embargo, el argumento pierde fuerza cuando se contrasta con la realidad sobre el terreno: alimentos y artículos de aseo llegando a comunidades golpeadas por el huracán, con una distribución que ha sido supervisada directamente por el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer. Esa supervisión, más que una provocación, ha sido una garantía de que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan.
El régimen intenta minimizar los tres millones de dólares comparándolos con las cifras que atribuye al embargo estadounidense. Pero el contraste real no es entre montos, sino entre resultados. Mientras el Gobierno cubano continúa justificando apagones, desabastecimiento y colapso de servicios básicos, la ayuda extranjera —incluso limitada— logra cubrir necesidades urgentes que el Estado no puede o no quiere atender.
Resulta especialmente llamativo que Cubadebate acuse a Estados Unidos de “hacer negocio” con la ayuda, cuando es el propio sistema cubano el que ha institucionalizado la intermediación, la opacidad y el control político de cualquier recurso que entra al país. La experiencia de los cubanos con donaciones retenidas, desviadas o condicionadas por criterios ideológicos es larga y dolorosa.
La narrativa oficial insiste en que Cuba cuenta con “normas bien establecidas” y una “probada eficacia” en la distribución de ayuda. Sin embargo, la crisis permanente desmiente ese relato. Si tales mecanismos funcionaran, no harían falta donaciones externas para cubrir necesidades básicas tras cada desastre natural.
En el fondo, lo que realmente molesta al régimen no es el origen del dinero, sino el mensaje implícito: que incluso en medio de restricciones políticas, es posible ayudar al pueblo cubano de manera directa y efectiva. Y cuando la propaganda se queda sin argumentos, la crítica a la ayuda se convierte en el último recurso para no admitir el fracaso.