La vida del preso político Daniel Moreno corre peligro: Esto es todo lo que se sabe de su situación
Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 16 de agosto de 2023
La curadora de arte y activista Anamely Ramos ha compartido una publicación en sus redes sociales para exponer el caso del preso político cubano Daniel Moreno, cuya vida podría estar en peligro.
Según explicó, otro preso dijo a un familiar que tiene la muerte retratada en el rostro.
A continuación compartimos toda la información que se tiene hasta el momento de su caso, publicada por Ramos en sus redes sociales:
Cuando activistas y asociaciones de la sociedad civil cubana estuvimos registrando y visibilizando las protestas y plantes de presos políticos cubanos alrededor de los días del 11 de julio, el caso de Daniel Moreno de la Peña, de 37 años, privado de libertad en el Combinado del Este, estuvo entre ellos. Desde ese día, Daniel está plantando sin ponerse la ropa de preso y usa un pulóver blanco. Desde hace unos tres meses, se rehúsa a consumir la comida del penal y a cumplir las reglas mafiosas de la cárcel. Y desde el 10 de agosto, día en que se comunicó con la periodista Mónica Baró por teléfono, cuyas declaraciones están grabadas, se declaró en huelga de hambre.
Daniel fue detenido en Santiago de Cuba el 10 de enero de 2023. En ese momento lo llevaron para el centro de operaciones de la Seguridad del Estado en esa ciudad, conocido como Versalles, y tras varias semanas allí lo trasladaron para Villa Marista. En Villa Marista estuvo tres meses, antes de pasar al Combinado, y fue sometido a innumerables actos de tortura psicológica y violencia. Incluso fue filmado realizando declaraciones autoincriminatorias y sus imágenes se difundieron burdamente manipuladas en la Televisión Nacional, por el programa Razones de Cuba, del Ministerio del Interior, como parte de un material infame en el que también apareció autoincriminándose la influencer Sulmira Martinez, de igual forma secuestrada en Villa Marista desde el 10 de enero de este año y hoy en prisión injustamente.
La acusación que pesa contra Daniel es Otros Delitos contra la Seguridad del Estado, para la cual el nuevo Código Penal contempla sentencias que van desde los dos, diez y 30 años de prisión, según el artículo, hasta la muerte. Pero todavía hoy no tiene ni petición fiscal ni fecha de juicio, al igual que muchos otros disidentes acusados de delitos contra la Seguridad del Estado en lo que va de año. Una vez más, el régimen incumple los términos pactados por la propia Ley de procedimiento penal, algo que se ha normalizado en el caso de los presos políticos.
Desde que Daniel fue trasladado a la cárcel del Combinado del Este, en La Habana, ha protagonizado varias protestas y se ha declarado en huelga de hambre al menos en dos ocasiones. Esta vez lleva sin comer unos cinco días, desde el 10 de agosto, pero en su cuerpo estos días pueden estar teniendo un impacto mayor, debido a la mala alimentación que ha tenido en los últimos meses y a síntomas de diabetes que ha presentado, aunque no le han hecho un diagnóstico apropiado. Además, a esto hay que sumarle las presiones propias de la prisión, su salud mental afectada, el saberse desamparado, el acoso a su esposa y otros miembros de su familia; todos factores que aumentan su vulnerabilidad de en este momento y con ella aumenta también su desesperación.
Su esposa, Evelín Suñe Salazar, quien reside en Santiago de Cuba y ha estado bajo asedio permanente de la Seguridad del Estado por exigir la liberación de Daniel, se encuentra extremadamente preocupada. “Yo recuerdo que cuando lo iba a ver en las visitas, cuando yo estaba en la Habana, él iba al comedor, cogía la comida y la ponía en la mesa del comedor. Sólo de vivía de galleta o tostadas que le compartían los presos o de lo poco que se le podía llevar. Yo fui muchas veces sin nada para llevarle a su visita porque no tenía dinero para comprar alimentos”, me contó hoy, hace pocos minutos.
Un preso común cercano a Daniel, conocido como Rojo, llamó ayer y hoy a Evelín para decirle que Daniel está muy demacrado, que no quiere ni dormir en la litera, que realizó una protesta en la prisión este fin de semana, que está tirado en el suelo y que se niega a recibir atención médica o cualquier ayuda del régimen. En el audio de hoy, Rojo le dijo a Evelín que Daniel tenía la muerte reflejada en la cara y que no tenía fuerzas ni para ponerse de pie. Él mismo y otros compañeros de prisión han intentado convencerlo de que coma, porque temen por su salud, pero él insiste en su inocencia y les replica que, si son sus amigos de verdad, no deberían pedirle claudicar. También oficiales de Villa Marista y Versalles han visitado a Daniel, primero para que deje de vestirse de blanco y ahora para que abandone la huelga, pero él no cede.
Hace poco, otro preso que ella no conoce, llamó a Evelín desde un número de La Habana que ella tampoco conoce, que no es ninguno de los que tiene registrados del Combinado del Este, y le dijo que Daniel estaba bien. Evelín le preguntó entonces lo que nos preguntamos todos: si Daniel está bien, ¿por qué no llama él mismo? ¿Por qué sus últimas llamadas fueron justamente las del 11 de agosto, para decir que se declaraba en huelga? La incomunicación y la incertidumbre que acompañan a los presos plantados y a sus familias son crueles y demoledoras. En momentos de peligro extremo, nada hay peor que no saber. Ellos lo saben y lo usan en contra de los inocentes.
Tememos por la vida de Daniel y por las represalias que pueda tener su protesta. Cualquier cosa que suceda será responsabilidad absoluta de la Seguridad del Estado, de las autoridades de la prisión, del sistema judicial que se presta para armar causas falsas a los disidentes, y del régimen cubano y quienes mandan en él. La vida de cada cubano es sagrada, ningún poder tiene derecho a arrebatarlas, menos un poder ilegítimo y que sólo responde con violencia a demandas ciudadanas.
Las huelgas de los presos políticos en las cárceles se suceden unas a otras y se acumulan por decenas en los que va de año. Solos, y en manos de sus captores, los cubanos inocentes no encuentran otra forma de exigir mínimas condiciones humanas de vida y luchar por su propia libertad. Hemos alertado que en cualquier momento algún caso se saldrá de las manos y tendremos que lamentar más vidas humanas perdidas, como ya ha pasado. Puede ser Daniel Moreno. Puede ser cualquiera de los cientos de presos políticos. Esto tiene que parar. Nadie tendría que poner en riesgo su vida y atentar contra su salud para defender los derechos inherentes al ser humano.