Folarin Balogun no es el único caso; Garrincha en el Mundial 62 también recibió un indulto
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 6 de julio de 2026
La decisión de la FIFA de suspender provisionalmente la sanción al estadounidense Folarin Balogun para que pudiera disputar los octavos de final del Mundial reabrió un debate que parecía cerrado desde hace más de seis décadas. El antecedente más célebre se remonta a la Copa del Mundo de Chile 1962, cuando el brasileño Garrincha fue expulsado en semifinales frente a Chile, pero terminó jugando la final contra Checoslovaquia tras una controvertida decisión de las autoridades de la época. Ambos casos comparten un mismo denominador: futbolistas decisivos que evitaron una suspensión inmediata gracias a interpretaciones excepcionales de la normativa, generando fuertes cuestionamientos sobre la igualdad de criterios en las competiciones organizadas por la FIFA.
La polémica en torno al indulto concedido a Folarin Balogun provoca comparaciones inevitables con uno de los episodios más discutidos de la historia de los Mundiales. Aunque separados por 64 años y contextos completamente distintos, el caso del delantero estadounidense encuentra un claro antecedente en lo ocurrido con Garrincha durante la Copa del Mundo de 1962.
Considerado entonces el mejor jugador del torneo, Garrincha fue expulsado a siete minutos del final de la semifinal que Brasil ganó por 4-2 a Chile. La sanción parecía dejarlo fuera de la final, un golpe especialmente duro para una selección brasileña que ya no contaba con Pelé, lesionado desde la fase inicial del campeonato.
Sin embargo, en las horas posteriores a la expulsión se activó una intensa campaña para evitar que la gran figura del torneo se perdiera el partido decisivo. Dirigentes de la Confederación Brasileña de Fútbol presentaron ante la FIFA el historial disciplinario del jugador, destacando que nunca había sido suspendido anteriormente. A ello se sumaron gestiones políticas y diplomáticas que, según numerosas crónicas de la época, involucraron a autoridades de Brasil, Perú e incluso Chile.
La defensa prosperó. La FIFA resolvió sustituir la suspensión por una simple advertencia al considerar, entre otros factores, la ausencia de antecedentes disciplinarios y la falta de una acusación contundente en los informes arbitrales. De esta manera, Garrincha quedó habilitado para disputar la final frente a Checoslovaquia.
La decisión generó controversia incluso en aquel tiempo. Mientras el chileno Honorino Landa, expulsado en el mismo encuentro, sí cumplió una sanción y se perdió el partido por el tercer puesto, Garrincha recibió un trato diferente. Para muchos observadores, pesó la convicción de que la principal estrella del campeonato no debía quedar fuera del encuentro más importante del torneo.
Brasil terminó imponiéndose por 3-1 a Checoslovaquia y conquistó su entonces segundo título mundial. Garrincha, convertido en símbolo de aquella campaña, cerró así una actuación histórica que aún hoy es recordada como una de las más brillantes de todos los tiempos.
El episodio quedó como una excepción, en ese tiempo, de los Mundiales y durante décadas pareció imposible que volviera a repetirse. Sin embargo, la resolución adoptada ahora en favor de Balogun ha devuelto aquel precedente al centro del debate. En ambos casos, la discusión trasciende el rendimiento deportivo de los futbolistas involucrados y apunta a una cuestión más profunda ¿hasta qué punto las máximas figuras pueden recibir un tratamiento excepcional cuando está en juego el espectáculo más importante del fútbol mundial?
La habilitación de Balogun rompe una tradición de más de seis décadas sin precedentes similares en los Mundiales aunque es bueno señalar que según una recopilación del periodista Silvio Maverino en el diario El Clarín antes de Garrincha se registraron cuatro casos de jugadores expulsados que pudieron actuar en el partido siguiente: Plácido Galindo (Perú, 1930), József Bozsik (Hungría, 1954), Vladimir Popović (Yugoslavia, 1962) y Ángel Rubén Cabrera (Uruguay, 1962).
Resulta indiscutible que esto puede traer un gran dolor de cabeza a la FIFA para futuros grandes eventos pues ¿quién no se cree acreedor de tal derecho?
Fuentes: El Clarín