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Silvio Rodríguez: los viejos como yo, con ahorros de toda una vida, no pueden ni comprar un cartón de huevos

Redacción de CubitaNOW ~ jueves 26 de marzo de 2026

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El cantautor cubano Silvio Rodríguez, una de las voces históricamente alineadas con la narrativa oficial, ha dejado al descubierto en una reciente entrevista con el diario español El País algunas de las grietas más profundas del sistema en la isla.

Aunque mantiene su defensa ideológica del proyecto político, sus propias palabras reflejan una realidad difícil de ocultar: el modelo económico impuesto durante décadas ha fracasado en garantizar condiciones mínimas de vida para los cubanos.

Rodríguez reconoció abiertamente el impacto devastador de la crisis actual. “Los viejos como yo, con ahorros de toda una vida, a veces no pueden ni comprar un cartón de huevos”, afirmó. La frase resume el deterioro del poder adquisitivo en un país donde la inflación y la escasez han pulverizado cualquier seguridad económica.

Más allá de esa confesión, el músico también admitió problemas estructurales en áreas clave como la salud y la educación. Habló de hospitales en condiciones críticas, escuelas cerrando y universidades obligadas a redistribuir estudiantes por falta de recursos. Un panorama que contradice décadas de propaganda oficial sobre los supuestos logros sociales del sistema.

En el terreno económico, sus críticas fueron aún más claras. Rodríguez cuestionó el modelo centralizado y lo calificó de “demasiado idealista”, reconociendo que el llamado “socialismo de libreta” ha demostrado ser ineficiente. Según explicó, la falta de incentivos reales y el exceso de trabas burocráticas han frenado la productividad durante años.

El artista incluso admitió que muchas de las reformas económicas que hoy impulsa el régimen debieron aplicarse hace décadas. “Tuviéramos más comida si estas medidas se hubieran tomado antes”, reconoció, en una declaración que evidencia el costo del inmovilismo y la resistencia al cambio dentro del poder.

También señaló la existencia de una visión “ortodoxa y cerrada” dentro del Gobierno, responsable de frenar transformaciones necesarias. Esa rigidez, según dejó entrever, ha sido un obstáculo constante para modernizar la economía y evitar el colapso actual.

Otro punto significativo fue su reacción ante las protestas sociales. Rodríguez admitió que las manifestaciones son consecuencia directa de la situación que vive la población. “Es normal, la gente la está pasando muy mal”, dijo, reconociendo implícitamente el descontento generalizado que el régimen intenta minimizar o reprimir.

Aunque el trovador insistió en culpar parcialmente al embargo estadounidense, también dejó claro que las decisiones internas han tenido un peso determinante en la crisis. Admitió que el Gobierno comparte responsabilidad en la falta de alimentos y en el deterioro del país.

Incluso abordó el desencanto de las nuevas generaciones, señalando que muchos jóvenes no encuentran razones para creer en el sistema. Una afirmación que confirma la creciente desconexión entre el discurso oficial y la realidad cotidiana en la isla.

Las declaraciones de Rodríguez resultan especialmente reveladoras por provenir de una figura que durante décadas ha sido símbolo cultural del oficialismo. Sin romper completamente con el régimen, sus palabras evidencian el desgaste de un modelo que ya no puede sostener ni a sus propios defensores históricos.


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