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‘El pueblo se siente engañado, pero el miedo está por encima’, lamenta escritor cubano

Por Hervin Salinas - miércoles 13 de enero de 2021

Sociedad, Cuba

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Foto de redes sociales

El escritor cubano Pedro Junco López regresa a las redes sociales con sus acostumbradas reflexiones sobre la realidad de la isla y, en esta oportunidad, hizo referencia al tema del estallido social y la salida a las calles de los de a pie en busca de un cambio.

Según refiere Junco López en su nueva publicación, el llamado que hacen los del exilio para que los de la isla finalmente salgan a exigir mejoras sociales necesita más que convocatoria.

Hace falta, además, menos manipulación de la prensa estatal cubana, por ello, se declara como “el primero en no llamar a la calle a mi pueblo. Lo dije en una entrevista hace solo unos días y lo repito: nos aplastarían”, advirtió.

Por otro lado, el intelectual antillano reconoció que el pueblo está cansado, “se siente engañado”, sin embargo, le gana el temor a la represión, a los castigos, a lo que pudiera venir tras el estallido.

Cubita NOW reproduce el texto, de manera íntegra, a continuación:

Leí en los comentarios a uno de mi post, que si Cuba tenía 168 municipios y en cada uno de ellos había dos opositores cuando más que alzaran la voz, sería muy difícil obligar al gobierno a realizar cambios profundos.

Quizás fue dicho con lacerante ironía, pero después de analizarlo a profundidad, pienso que no está fuera de lugar del todo ese criterio. Y lo que más me ha obligado a pensar en eso es el desesperado grito de algunos compatriotas –sobre todo del exterior– llamando al pueblo a salir a la calle.

Salir a la calle sería lo más efectivo si se llevara a cabo multitudinariamente. Ocurrió con éxito en Moscú hace treinta años, y a partir de allí aquel movimiento fue imitado por los países satélites de la URSS.

Pero acá en América, hace menos tiempo fracasó en Venezuela, fracasó en Nicaragua, aunque resultó en Bolivia. Recientemente en Bielorrusia no se repitió lo de Europa del este hace treinta años. Porque hay un denominador común en todas estas gestiones: el ejército. Solo en Bolivia fue exitosa la rebelión porque la policía y el ejército la apoyaron.

En la URSS ya existía el precedente de un gobierno dispuesto al cambio, condición totalmente contraria en el actual gobierno cubano; de no haber sido por las aperturas y transparencia de Mijail Gorbachov, habrían sido aplastados por los tanques –que de hecho salieron a las calles, pero fueron paralizados por un mando superior–.

No sucedió así en China cuando las protestas en la Plaza de Tiananmén, en las que los tanques de guerra aplastaban a los manifestantes y en cuestión de horas habían sido asesinados cientos de jóvenes.

De nuestros ejemplos latinoamericanos, ¿quién no conoce los resultados a pesar de la manipulación de los hechos por los medios informativos cubanos? Y allí continuarán Maduro y Ortega mientras sus ejércitos los apoyen.

Si a esto sumamos el irónico mensaje de mi compatriota, soy el primero en no llamar a la calle a mi pueblo. Lo dije en una entrevista hace solo unos días y lo repito: nos aplastarían.

Hay muchos “camisas pardas” a lo cubano, dispuestos en las Brigadas de Respuesta Rápida, que, si no resultaran suficientes, serían reemplazadas de inmediato por jóvenes amaestrados que hoy recorren las calles de nuestras ciudades en grupos, con trajes y boinas verde-olivo, armados hasta con bastones de gomas a la cintura, como si estuviéramos en estado de sitio. No solo es la advertencia: es la amenaza franca y real.

El pueblo se siente engañado. Pocos son los que no han abierto los ojos al desvalijamiento general, pero el miedo está por encima, y la mínima esperanza de un milagro, junto al mentís del diálogo con los inconformes en el noticiero para ganar tiempo, neutralizan el más modesto objetivo de apertura, como hicieron con los artistas e intelectuales del 27 de noviembre plantados frente al Ministerio de Cultura. Promesas y luego… nada.

Es necesaria una certera organización general, con medios informativos de mayor cobertura, para llegar hasta el último ciudadano, igual a como hacen ellos con su prensa escrita, radial y televisiva.

Es cierto que las cyberclarias son arrolladas en los medios alternativos por una aplastante mayoría opositora, pero estas redes sociales son insuficientes por las limitaciones de acceso abierto y gratuito; solo nos acerca al pequeño grupo que no se amplía mucho más de lo calculado por mi amigo irónico, pues la mayoría de nuestros seguidores viven fuera de Cuba, sin ningún poder de apoyo efectivo, aunque libres de riesgos.

Sin embargo, está muy claro que el barco se hunde. La clave está en la desobediencia civil que desarrolló Gandhi en la India. Porque nadie puede hacernos mover los brazos si nos negamos a moverlos.

Recordemos que Gandhi convocó a su pueblo a coger sal cuando los ingleses, hasta tomarla del mar se la prohibían. Habría una gran similitud en este despertar hindú con el de nuestros pescadores si se negaran a pescar hasta que le permitan vender libremente sus capturas y solo tomaran del mar las que necesitan para dar de comer a sus familias.

Si el campesino se negara a sembrar hasta que no pueda vender libremente sus cosechas y se reunieran unas cuantas familias en medio de una finca: hombres, mujeres, ancianos y niños, todos juntos, y tomaran del rebaño un toro de su propiedad, lo sacrificaran y cada miembro del grupo –incluyendo ancianos y niños– pusieran sus mano en la composición del animal y se embarraran de sangre, hasta pudieran mandar a buscar la policía y parodiarle a coro la clásica obra de Lope cuando el oficial les pregunte:

–“¿Quién mató al toro mayor?

–¡Nuestras familias, señor!”

Entonces sí tendremos pueblo suficiente para salir a la calle y pedir cuentas al gobierno.


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