De lenguaje amenazante a ayuda solidaria ¿qué ocurre realmente? - Yoel Hernández
Redacción de CubitaNOW ~ jueves 15 de enero de 2026
“Humano muerde a un perro”, frase que recuerda aquella vieja lección sobre el periodismo: noticia no es lo previsible, lo rutinario, lo que ocurre todos los días; noticia es lo que rompe el patrón. Desde esa idea se cuestiona una narrativa oficial que, durante años, ha repetido los mismos guiones: planes cumplidos, actos multitudinarios de apoyo, comunicados de condena que luego quedan en entredicho por los hechos. Un periodismo que, en vez de sorprender, confirma lo que ya se espera escuchar.
Así comienza su reflexión el profesor Yoel Hernández, compartida por la también profesora Alina Bárbara López.
En los últimos días, especialmente desde el 3 de enero, la sensación de confusión ha ido en aumento. La discusión ya no es solo sobre los acontecimientos, sino sobre la credibilidad de las fuentes y de los medios que los transmiten. Se citan ejemplos recientes: anuncios de liberaciones que luego no fueron tales, cifras que se ajustaron con el paso de las horas, familiares esperando respuestas que no llegaron y comunicados oficiales reinterpretados por noticieros de manera más amplia de lo que realmente decían.
También se señala la contradicción en los mensajes políticos: condenas públicas seguidas de gestos de cooperación, declaraciones duras alternadas con conversaciones diplomáticas “muy agradables”, creando una sensación de vaivén que deja a la audiencia sin un relato claro y coherente de los hechos.
En medio de ese escenario aparece un elemento que, de ser confirmado plenamente, rompería el esquema habitual: la posibilidad de ayuda humanitaria externa destinada al oriente de Cuba, con distribución a cargo de la Iglesia católica y sin la intermediación directa del Estado. Para muchos, esto suena “demasiado bonito para ser verdad”, no por falta de necesidad, sino porque la experiencia previa ha enseñado a desconfiar de los anuncios que no vienen acompañados de aclaraciones, condicionantes o rechazos públicos.
Lo llamativo, según se plantea, es el silencio. No hay desmentidos oficiales, no hay titulares de rechazo, no hay la respuesta que históricamente ha acompañado anuncios similares. Y ese vacío informativo, en lugar de tranquilizar, genera más preguntas: ¿es cierto?, ¿está ocurriendo algo diferente?, ¿o simplemente la información aún no ha sido procesada por los canales habituales?
El texto no afirma conclusiones definitivas, pero sí subraya un cambio en el clima informativo: entre rumores, versiones cruzadas y comunicados parciales, el ciudadano queda obligado a leer con cautela, a contrastar, a desconfiar tanto del optimismo excesivo como del pesimismo automático. Porque, como se recuerda con ironía, el problema no es solo lo que pasa, sino cómo se cuenta… y cuántas veces la “noticia” termina siendo, otra vez, el viejo y conocido “perro muerde humano”.