Cuba ante el espejo: señales, dudas y ajustes a mitad de la serie frente a Nicaragua
Redacción de CubitaNOW ~ martes 24 de febrero de 2026
Llegados a la mitad de la serie pactada a cuatro desafíos ante la Selección de béisbol de Nicaragua, el balance competitivo de la Selección de béisbol de Cuba deja más lecturas que simples números. Un empate (2-2) en el arranque y una victoria posterior (3-1) configuran un escenario que, más que tranquilizador, invita al análisis profundo.
El primer choque, en el Estadio Roberto Clemente, evidenció una constante que ha acompañado a Cuba en torneos recientes: dificultades para sostener ventajas y fabricar carreras con continuidad. El equipo mostró momentos de control, pero sin la contundencia necesaria para imponer jerarquía. No fue un mal resultado en frío, pero sí una alerta competitiva: cuando el margen es corto, cualquier descuido pesa.
La respuesta llegó en el segundo compromiso, celebrado en el Estadio Rigoberto López Pérez. Allí, Cuba lució más compacta. El cuadrangular de Ariel Martínez no solo significó carreras, sino un mensaje simbólico: el poder oportuno sigue siendo un recurso vital. El pitcheo trabajó con mayor aplomo y el bullpen sostuvo la ventaja sin sobresaltos mayores, algo que en ciclos anteriores generó inestabilidad.
Pero, ¿qué dice realmente el programa tras dos juegos? Primero, que la estructura competitiva parece más equilibrada que en salidas previas. Segundo, que todavía falta consistencia ofensiva; tres carreras en un partido ganado siguen siendo producción limitada si se piensa en el nivel del Clásico Mundial de Béisbol 2026. Y tercero, que el cuerpo técnico encabezado por Germán Mesa está utilizando la serie no solo para ganar, sino para probar variantes, mover piezas y evaluar reacciones bajo presión.
A mitad de camino, el programa no ha sido brillante, pero tampoco decepcionante. Ha sido, más bien, funcional. Cuba compite, ajusta y corrige sobre la marcha. La verdadera prueba estará en la capacidad de sostener el rendimiento en los dos partidos restantes y, sobre todo, en transformar estas señales intermedias en una identidad clara: agresiva en ofensiva, estable desde el montículo y segura en defensa.
La serie ante Nicaragua no define nada por sí sola, pero sí revela el estado real del proyecto. Y en ese espejo, Cuba empieza a reconocerse… aunque todavía no termina de convencerse.