Foto: Infobae
La reciente visita a Cuba de una delegación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), encabezada por su secretario general, Jerry Pillay, generó críticas de líderes religiosos independientes y defensores de la libertad de culto, quienes consideran que el viaje fue utilizado por el gobierno cubano como herramienta de legitimación política.
Pillay calificó como “infundadas” las denuncias sobre violaciones a la libertad religiosa en la isla y acusó a Estados Unidos de emplear este argumento “para justificar sus acciones” contra Cuba. Durante la visita, que se realizó entre el 28 y el 31 de marzo, la delegación sostuvo encuentros con autoridades, incluido el presidente Miguel Díaz-Canel, quien les solicitó que “cuenten esta realidad ante 600 millones de cristianos” en más de un centenar de países.
No obstante, líderes cristianos independientes denunciaron que la delegación fue instrumentalizada por el gobierno cubano. El reverendo Mario Félix Lleonart afirmó que el contexto de crisis humanitaria y económica fue ignorado, y que la visita terminó reforzando la narrativa oficial del Estado. “La delegación ha sido recibida con honores oficiales, ha participado en actos públicos controlados por el Estado y ha emitido declaraciones que legitiman un gobierno que sistemáticamente viola los derechos humanos y la libertad religiosa”, subrayó.
Por su parte, líderes religiosos dentro de Cuba denunciaron restricciones persistentes sobre la actividad eclesial. Eduardo Otero detalló prohibiciones para construir templos, limitaciones en el uso de espacios públicos y medios de comunicación, y obstáculos legales para desarrollar institucionalmente las iglesias, incluyendo la imposibilidad de adquirir propiedades o crear escuelas.
El pastor Jorge Luis Pérez, en Santiago de Cuba, señaló que miles de ministerios independientes están bajo presión constante, con hostigamiento a pastores y control sobre actividades no alineadas con el Estado. Pérez indicó que la Seguridad del Estado ha citado a líderes religiosos incluso por manifestaciones mínimas de disenso, como difundir un mensaje a favor de “Cuba libre”.
Los testimonios recogidos evidencian un patrón de vigilancia y represión hacia comunidades religiosas independientes, mientras que la delegación internacional, según denuncian los líderes críticos, contribuyó inadvertidamente a reforzar la legitimidad del gobierno cubano en el plano internacional.
Este episodio abre un debate sobre el papel de organismos ecuménicos en contextos donde los derechos religiosos están restringidos y sobre cómo las visitas internacionales pueden ser percibidas como respaldos tácitos a gobiernos con historial de violaciones sistemáticas.
Fuentes: Martí Noticias y CiberCuba
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