El nuevo colapso total del sistema eléctrico que nuevamente puede ocasionar que toda Cuba este sin luz durante días se materializó este 21 de marzo, el cual es el segundo en menos de una semana y el tercero en lo que va de mes. La desconexión, confirmada por la Unión Eléctrica, vuelve a evidenciar un sistema frágil, incapaz de sostener la demanda y cada vez más expuesto a fallos en cadena. La recuperación, que puede extenderse durante horas o incluso días, se produce en medio de una crisis energética estructural que ya afecta a millones de personas y amenaza con prolongarse sin una solución clara en el corto plazo.
La recuperación completa del sistema eléctrico cubano puede tardar horas o incluso días, debido a la fragilidad de la red. Millones de personas quedaron sin electricidad este sábado, afectando el acceso a agua potable, la conservación de alimentos y el funcionamiento de hospitales y servicios críticos, mientras el país enfrenta su tercer apagón nacional en lo que va de marzo de 2026, en medio de una crisis energética estructural sin señales de resolución inmediata.
La situación eléctrica en Cuba continúa siendo crítica. El apagón del sábado 21 de marzo se sumó a los fallos registrados previamente en el mes, convirtiéndose en el tercer colapso nacional del sistema en marzo y el segundo en menos de una semana. Según la Unión Eléctrica de Cuba, la falla se originó en la central termoeléctrica de Nuevitas, provocando un efecto en cadena que dejó sin energía a toda la isla. (Associated Press)
El sistema eléctrico cubano, altamente vulnerable, opera con infraestructura obsoleta y plantas que llevan décadas en funcionamiento sin mantenimiento suficiente. A esto se suma la escasez crónica de combustible, que limita la capacidad de generación incluso cuando las centrales están operativas. Estas condiciones hacen que cualquier falla puntual pueda derivar en un apagón nacional, como ha sucedido repetidamente en los últimos 18 meses. (Reuters)
Los apagones recurrentes no solo afectan la vida cotidiana, sino que tienen un impacto directo en la economía y la salud pública. Millones de cubanos han visto interrumpido el suministro de agua potable, se han perdido alimentos por falta de refrigeración y se han ralentizado los servicios críticos en hospitales y centros de atención médica. El país enfrenta además cortes prolongados que pueden superar las 12 o 20 horas en algunas provincias, lo que evidencia la fragilidad y el riesgo constante del sistema.
El gobierno ha comenzado a restablecer la electricidad de manera gradual, creando pequeños “microsistemas” antes de reconectar toda la red nacional, un proceso técnico que puede extenderse durante días. Sin inversiones significativas en infraestructura y sin asegurar el suministro de combustible, los expertos advierten que los apagones continuarán y podrían incluso intensificarse, especialmente durante los meses de mayor consumo energético.
El último año y medio ha registrado al menos siete colapsos totales del sistema, convirtiendo los apagones en un problema estructural más que en incidentes aislados. La combinación de plantas antiguas, falta de mantenimiento, déficit energético y restricciones externas en el suministro de combustible sitúa a Cuba en una situación de alta vulnerabilidad y con pocas perspectivas de solución inmediata.
Mientras tanto, los ciudadanos continúan enfrentando las consecuencias directas de la crisis: interrupciones constantes, dificultades en la vida diaria y riesgo para servicios esenciales. El apagón del 21 de marzo confirma que la luz en Cuba vuelve cada vez más lentamente, y que la crisis eléctrica no tiene una solución rápida a la vista.
Fuentes:
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