Cuba volvió a quedar a oscuras este sábado tras una nueva desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), confirmada por la Unión Eléctrica (UNE). El apagón, ocurrido en horas de la tarde, marca el tercer colapso en este mes de marzo y evidencia el agravamiento de la crisis energética que golpea a millones de cubanos.
Según informó la Unión Eléctrica, la caída del sistema se produjo alrededor de las 6:30 p.m., sin que inicialmente se ofrecieran detalles sobre las causas. Como es habitual, las autoridades se limitaron a señalar que se activaban protocolos para la recuperación del servicio, un proceso que en Cuba puede extenderse por días.
El nuevo apagón ocurre en un contexto crítico. Desde hace meses, los cubanos enfrentan cortes eléctricos que en muchas zonas superan las 20 horas diarias, mientras en otras regiones del país se han registrado interrupciones de hasta dos días consecutivos. La situación ha impactado gravemente la vida cotidiana, afectando desde la conservación de alimentos hasta el funcionamiento de hospitales y servicios básicos.
A pesar del evidente deterioro del sistema energético —marcado por plantas termoeléctricas obsoletas, falta de mantenimiento e insuficiencia de combustible— el discurso oficial insiste en responsabilizar a Estados Unidos por la crisis. Las autoridades vuelven a señalar el llamado “bloqueo” y las restricciones al suministro de petróleo como principales causas de los apagones.
Sin embargo, esta narrativa omite años de ineficiencia estructural, inversiones fallidas y falta de modernización del sistema eléctrico cubano. Expertos independientes han advertido que la fragilidad del SEN responde a problemas acumulados durante décadas, que hoy se traducen en colapsos recurrentes.
El restablecimiento del servicio, como ha ocurrido en eventos anteriores, depende de un complejo proceso que comienza con la activación de fuentes de energía de arranque rápido —como motores diésel o pequeñas plantas— para luego intentar reactivar las grandes termoeléctricas. No obstante, la escasez de combustible complica aún más este procedimiento.
Mientras tanto, la población continúa pagando las consecuencias. Sin electricidad, miles de familias enfrentan largas horas sin luz, sin agua —dependiente de bombeo eléctrico— y sin posibilidades de conservar alimentos en medio de una ya severa escasez.
La desconexión total del sistema vuelve a dejar al descubierto una realidad cada vez más evidente: el colapso energético en Cuba no es un hecho aislado, sino el resultado de un modelo incapaz de garantizar servicios básicos. Y, como en ocasiones anteriores, el régimen responde con explicaciones externas mientras la crisis interna se profundiza.
Fuente: Unión Eléctrica Cuba
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