El prisionero político Alexander Mario Fábregas Milanés permanece desde hace más de dos meses en una celda de castigo en una cárcel de Santa Clara, tras haber reclamado asistencia médica urgente para otro recluso enfermo, en un caso que vuelve a encender las alarmas sobre la situación de los derechos humanos en Cuba.
El caso del opositor cubano Alexander Mario Fábregas Milanés ha generado preocupación dentro y fuera de la isla, tras conocerse que lleva 69 días recluido en régimen de aislamiento en la prisión provincial conocida como El Pre, en Santa Clara. Según denuncias difundidas por activistas y familiares, esta medida disciplinaria habría sido aplicada como represalia directa por exigir atención médica para otro preso político en estado crítico.
La alerta fue difundida por la activista Tania Tasé, quien desde el exilio ha visibilizado la situación. De acuerdo con su testimonio, la madre del recluso, Luisa María Milanés Valdés, es quien lleva un conteo diario del tiempo que su hijo ha permanecido en esas condiciones. La mujer, según relatan, atraviesa un fuerte desgaste físico y emocional ante la incertidumbre y la falta de información clara sobre el estado de su hijo.
El origen del castigo se remonta a la denuncia realizada por Fábregas sobre la situación de Gregorio Rafael Acuña García, un recluso con diabetes que desarrolló gangrena sin recibir tratamiento oportuno. Tras la presión ejercida, Acuña fue sometido a una intervención quirúrgica, aunque demasiado tarde para evitar la amputación parcial de su pie. Actualmente continúa hospitalizado y su evolución sigue siendo delicada.
Diversas voces cercanas al caso sostienen que la intervención de Fábregas fue determinante para salvarle la vida. Sin embargo, su acción provocó una reacción inmediata de las autoridades penitenciarias. Tras un altercado con un funcionario del penal, fue trasladado a una celda de castigo, donde —según denuncias— permanece en condiciones severas.
El caso también ha puesto el foco sobre otros reclusos con problemas de salud, como Yanquiel Villavicencio Balmaseda, quien habría sido trasladado a una prisión de mayor seguridad pese a padecer múltiples enfermedades sin atención médica adecuada.
Fábregas cumple una condena de siete años de prisión por cargos relacionados con la difusión de contenido crítico en redes sociales. No obstante, su situación actual ha trascendido ese contexto judicial, convirtiéndose en un símbolo de denuncia dentro del sistema penitenciario cubano.
Organizaciones como Prisoners Defenders han advertido que en Cuba existen más de mil presos políticos, muchos de ellos en condiciones precarias. Mientras tanto, entidades como Amnistía Internacional continúan exigiendo mejoras en el trato a los reclusos y la liberación de quienes consideran detenidos por motivos políticos.
El caso de Fábregas vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las condiciones carcelarias en la isla y el costo de alzar la voz incluso tras las rejas.
Fuente: Tania Tasé
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