El régimen cubano comenzó a distribuir combustible obtenido a partir de un donativo de 100 mil toneladas de crudo procedente de Rusia, en un intento por mitigar la profunda crisis energética que golpea al país y mantiene a la población entre apagones y carencias.
Según información oficial de la Unión Cuba-Petróleo, del procesamiento de ese crudo se han obtenido gasolina, diésel, fuel oil y gas licuado, los cuales ya están siendo enviados a diferentes provincias. Sin embargo, las propias autoridades reconocen que este suministro apenas cubre alrededor de un tercio de la demanda nacional durante un mes.
El combustible se procesa en la refinería de Cienfuegos, donde, según el discurso oficial, las operaciones se mantienen “estables”. Aun así, el sistema funciona con limitaciones evidentes, en medio de años de falta de inversión, deterioro tecnológico y dependencia de aliados externos.
Aunque el gobierno presenta este donativo como un “alivio”, la realidad es que no resuelve el colapso estructural del sistema energético. La distribución se realiza de forma escalonada, a medida que se procesa el crudo, lo que retrasa el impacto real en la población.
El traslado del combustible se está llevando a cabo mediante camiones, trenes y buques, en un esfuerzo logístico que busca abastecer tanto el occidente como el oriente del país. Sin embargo, los niveles de almacenamiento siguen por debajo de lo habitual, reflejo de una crisis sostenida en el suministro.
Las autoridades aseguran que parte del diésel y el fuel oil se destinarán a la generación eléctrica, con el objetivo de reducir los apagones. También se priorizan sectores como la salud y algunos servicios básicos. No obstante, en la práctica, los cortes eléctricos continúan afectando a amplias zonas del país, impactando la vida cotidiana y la actividad económica.
En cuanto al gas licuado, su disponibilidad permitirá solo un alivio parcial en la cocción de alimentos, un problema que ha golpeado con fuerza a los hogares cubanos en los últimos meses. La escasez de este recurso ha obligado a muchas familias a recurrir a alternativas precarias.
El discurso oficial vuelve a responsabilizar al embargo de Estados Unidos por las dificultades para adquirir combustible en el mercado internacional. Sin embargo, expertos y ciudadanos señalan que la crisis responde también a la ineficiencia interna, la falta de diversificación energética y la dependencia crónica de donaciones externas.
Este nuevo envío desde Rusia evidencia, una vez más, la fragilidad del sistema cubano, que depende de ayudas puntuales para sostener servicios esenciales. Mientras tanto, la población sigue enfrentando apagones prolongados, transporte limitado y una economía paralizada.
Fuente: Granma
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