El Instituto de Meteorología de Cuba prevé que la temporada ciclónica de 2026 en la cuenca del océano Atlántico será menos activa de lo habitual, aunque advierte que Cuba no queda exenta de riesgos importantes durante el período.
De acuerdo con el informe más reciente, las condiciones oceánicas y atmosféricas actuales no favorecen una alta actividad ciclónica. Entre los factores determinantes se encuentra el enfriamiento registrado en la temperatura superficial del mar en el Atlántico Norte tropical, lo cual tiende a limitar la formación de sistemas tropicales.
Sin embargo, los especialistas señalan que el comportamiento de las temperaturas podría cambiar en los próximos meses. Los modelos climáticos indican que entre agosto y octubre podrían incrementarse las anomalías cálidas tanto en el Atlántico como en el mar Caribe, lo que podría reactivar la formación de ciclones en el tramo más activo de la temporada.
Otro elemento clave es la posible aparición del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) a partir del verano. Según los pronósticos, este evento podría alcanzar una intensidad moderada o superior y extenderse hasta finales de año. En esos casos, suele contribuir a reducir la actividad ciclónica en la región atlántica, aunque no la elimina por completo.
En términos concretos, se estima la formación de 11 ciclones tropicales en toda la cuenca del Atlántico Norte. De ellos, cinco podrían convertirse en huracanes y dos alcanzarían gran intensidad. La mayoría de estos sistemas se originarían en el Atlántico abierto, mientras que dos surgirían en el Caribe y uno en el golfo de México.
A pesar del pronóstico general de menor actividad, los expertos advierten que el peligro para Cuba sigue siendo relevante. La probabilidad de que al menos un huracán afecte al país se sitúa en un 40%, ligeramente por encima del promedio histórico. Aún más alta es la posibilidad de que una tormenta tropical impacte la isla, con un 75% de probabilidad.
Además, existe un 65% de probabilidades de que se forme e intensifique al menos un huracán en el Caribe, lo que representa una amenaza directa para las naciones de la región. También se estima en un 40% la posibilidad de que un ciclón originado en el Atlántico entre en el Caribe.
Estos datos reflejan que, aunque la temporada podría ser menos activa en términos generales, no debe subestimarse el riesgo de eventos extremos. La experiencia reciente ha demostrado que incluso en años de baja actividad pueden producirse ciclones de gran impacto.
Fuente: Instituto de Meteorología de Cuba
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