Lo que debería ser un lugar de respeto, recogimiento y memoria se ha convertido en un escenario de abandono y dolor en el Cementerio Municipal de Palma Soriano. Detrás de una imagen exterior que intenta mostrar cierta mejoría, la realidad interna es devastadora y profundamente ofensiva para las familias que allí tienen a sus seres queridos.
Desde el paso del huracán Melissa, varios muros del camposanto colapsaron y nunca fueron reparados. Como consecuencia, numerosas bóvedas y nichos quedaron destruidos, dejando restos óseos humanos expuestos, sin protección alguna y a merced del deterioro, los animales y la manipulación indebida. Una situación que no solo representa un problema sanitario, sino una grave falta de respeto a la dignidad de los fallecidos.
Según denuncias recibidas por este medio bajo condición de anonimato, un hombre, presuntamente trabajador del propio cementerio, habría recogido huesos de diferentes sepulturas en una parihuela, colocándolos en bolsas plásticas y mezclándolos sin ningún tipo de identificación. Hoy, muchas familias desconocen si los restos que quedan en las tumbas corresponden realmente a sus parientes.
“No sabemos dónde están ahora los huesos de nuestros familiares”, expresó una persona vinculada al lugar, quien pidió no revelar su identidad por temor a represalias. Para estas familias, el dolor no termina con la muerte, sino que se prolonga en la incertidumbre de no poder honrar a sus muertos con el respeto que merecen.
Este hecho ocurre en un contexto de abandono general que golpea a Palma Soriano: crisis alimentaria, apagones prolongados, problemas con el suministro eléctrico y condiciones de vida cada vez más precarias. Muchos residentes afirman que el municipio vive un retroceso alarmante, donde incluso cocinar con leña vuelve a ser una necesidad cotidiana.
La situación del cementerio no es un caso aislado, sino el reflejo de una realidad más amplia: la falta de mantenimiento de servicios básicos, la ausencia de soluciones efectivas y el silencio institucional ante denuncias graves que afectan directamente la dignidad humana.
Palma Soriano no solo enfrenta dificultades para sostener la vida diaria de sus habitantes. También está fallando en algo aún más elemental: respetar a sus muertos y a las familias que los recuerdan. La dignidad no debería terminar en la tumba, ni depender de la suerte o del olvido administrativo.
Mientras no haya respuestas claras ni acciones concretas, el dolor y la indignación seguirán creciendo, convirtiendo el silencio en cómplice de una situación que jamás debió ocurrir.
Fuente: Yosmany Mayeta
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