¿Presos políticos aquí? ¡No, en este país NO hay presos políticos!
El creador digital José Manuel González Rubines, quien asiduamente toca muy de cerca la realidad que vive el pueblo cubano, desnuda hoy la gran mentira que rodea a los regímenes dictatoriales de la región en relación con la inexistencia de los presos políticos.
Y es que en Venezuela, Nicaragua y Cuba, los gobiernos repiten como un mantra que no existen presos políticos. Sin embargo, la realidad los desmiente con hechos que ellos parecen ignorar deliberadamente. Hace apenas dos días, el gobierno venezolano que juraba que “nunca hubo presos políticos” decidió liberar a decenas de detenidos, tras una seria presión de Donald Trump que muchos califican de directa y simbólica. Como si de repente, y gracias a un toque externo, descubrieran lo que la sociedad civil lleva denunciando años.
En Nicaragua, la historia se repite. Hace apenas unas horas, el gobierno anunció que decenas de personas “regresaron a sus hogares y familias” después de pasar tiempo en el sistema penitenciario nacional. La liberación llegó después de que la misión diplomática de Estados Unidos mencionara el tema, mostrando que, nuevamente, lo que era negado con vehemencia ahora se convierte en noticia. Todo muy casual, todo muy espontáneo, si uno se deja guiar por la narrativa oficial.
Y luego está Cuba. El gobierno insiste, con su habitual terquedad, en que no existen presos políticos. Pero las cifras de ONG como Prisoners Defenders, que documenta 1,192 casos, hablan por sí solas. Yo mismo he conocido a varios de estos detenidos por pensar diferente, por expresar ideas que el régimen no tolera. Muchos cubanos hemos exigido su liberación durante años sin obtener respuesta alguna. La pregunta inevitable surge: ¿acaso necesitan una amenaza externa, un “Trump de turno”, para reconocer lo que siempre han negado?
Si el régimen cubano tuviera siquiera un mínimo de pragmatismo, la liberación de estos presos sería una medida estratégica, no un acto de bondad. Hacerlo ahora podría permitirles fingir control y legitimidad, justificarlo con la retórica de la soberanía que tanto les gusta, y evitar enfrentarse a presiones más graves en el futuro. Pero más allá de la estrategia, está la justicia elemental: los presos de conciencia no son delincuentes, son personas que piensan distinto. Su libertad no solo es un acto de justicia, sino un paso hacia la sanación moral del país y hacia un clima social más armonioso.
Cada liberación parcial que llega después de años de negación recuerda la misma hipocresía: los gobiernos reconocen sus errores solo cuando se ven obligados, y no porque lo consideren lo correcto. La verdadera libertad —la de pensar, hablar y actuar sin miedo— sigue siendo un objetivo pendiente, una deuda que los Estados continúan posponiendo con excusas, protocolos y discursos vacíos.
La pregunta final permanece: ¿cuándo dejarán de necesitar que alguien de afuera les “muestre” la realidad que han ignorado durante tanto tiempo? Mientras tanto, los presos permanecen como fantasmas visibles para todos menos para quienes tienen la autoridad de liberarlos.
Fuente: José Manuel González Rubines
Fallece actor Manolo Villaverde, el inolvidable “Pepe” de ¿Qué pasa USA?, a los 89 años
Hace 5 horas
Trump asegura que los venezolanos serán la fuerza laboral principal en petroleras (Video)
Hace 1 día