La intervención relámpago de Estados Unidos en Venezuela, ocurrida la madrugada del 3 de enero de 2026, dejó claras lecciones sobre el poder, la soledad de los pueblos y los intereses geopolíticos. Según la profesora Alina Bárbara López Hernández, “ningún gobierno que arruine a su país, empobrezca a su pueblo, reprima a sus ciudadanos, genere un éxodo masivo, se erija en élite corrupta, desconozca la voluntad popular y se mantenga por la fuerza, podrá disponer de base de apoyo social, por mucho que presuma de ella”. La caída de Maduro demuestra que el pueblo no defenderá a un régimen que lo ha traicionado.
Periodistas en Caracas reportaron que la población se ocupaba más en comprar víveres que en protestar, una evidencia de que el hambre y la precariedad siempre pesan más que la retórica política. López Hernández lo explica con claridad: “Durante su campaña electoral, María Corina Machado había recibido el apoyo de personas humildes que fueron chavistas… Esa gente, ahora, ni se inmutó”.
La operación militar estadounidense, que evitó misiles costeros y penetró el fuerte Tiuna con rapidez, resultó letal para 32 militares cubanos presentes en Venezuela. La profesora cuestiona las versiones oficiales: “¿Combate contra quiénes? ¿Contra los Delta Force o contra militares venezolanos que facilitaron la operación contra Maduro? Porque es evidente que los recién llegados conocían el laberíntico fuerte Tiuna como la palma de su mano”. Para López Hernández, estos compatriotas fallecidos “son, a nadie le quepa duda, otras tantas víctimas de la política injerencista de un grupo de poder que, en eterna pose de mártir, revive el sueño de la Guerra Fría cada vez que puede”.
La operación muestra que el éxito depende más de la coordinación interna que del factor sorpresa. Mientras Trump afirmaba que usaría la fuerza directa, Maduro aseguraba que las milicias y el ejército estaban en pie de combate. Sin embargo, el dictador llegó esposado a Nueva York “risueño, y deseando ‘feliz año nuevo’ en su mejor inglés”.
López Hernández advierte que “los ciclos históricos son implacables. Ningún gobierno mantiene eternamente el apoyo popular si no se lo gana. Gobernar no es un cheque en blanco, aunque algunos gobernantes así lo crean”. La lección de Venezuela debe ser tomada por Cuba: el poder no se hereda ni se impone. La profesora enfatiza: “Debiéramos aprender de esto y asumir como prioritaria, de una vez y por todas, la causa de la democratización de Cuba, en lugar de cavar trincheras ideológicas que serían apropiadas en un escenario diferente… Ningún actor foráneo va a hacer la tarea por nosotros, esta causa es nuestra”.
En definitiva, la intervención estadounidense muestra que el imperialismo actúa siempre en función de intereses propios y que la soledad de los pueblos los convierte en víctimas de decisiones ajenas. La experiencia venezolana deja una advertencia clara: ningún cambio profundo puede ser impuesto desde fuera; solo puede surgir desde la participación activa y consciente del pueblo.
Del perfil prof. Alina Bárbara López Hernández Cuba x Cuba
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