La activista cubana Yamilka Lafita, conocida en redes sociales como Lara Crofs, volvió a provocar un intenso debate político y ético tras pronunciarse sobre la eficacia del pacifismo frente a dictaduras consolidadas como las de Cuba, Nicaragua y Venezuela, a propósito de la incursión militar de Estados Unidos en territorio venezolano que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Desde una postura que rehúye la simplificación, Lara Crofs comienza dejando clara su posición moral: “El método es, sin duda, cuestionable. Yo tampoco estoy a favor de ningún tipo de violencia, menos aún de aquella que se ejerce sin límites ni responsabilidad moral”. Sin embargo, advierte que el análisis no puede quedarse en principios abstractos cuando se trata de regímenes que han convertido la represión en sistema.
La activista subraya que estos gobiernos autoritarios llevan décadas “perfeccionando el control, desmantelando toda posibilidad de alternancia, criminalizando la disidencia”, y recuerda que miles de personas “han perdido su libertad, su salud, sus familias y, en no pocos casos, la vida”, sin que ello haya provocado un colapso del poder.
Tras años de protestas pacíficas aplastadas, diálogos fallidos y elecciones amañadas, Lara Crofs plantea lo que define como una pregunta inevitable: “¿Cómo caen este tipo de dictaduras?”. En su reflexión, apela a la historia para sostener que “las tiranías cerradas rara vez colapsan solo por presión interna”, especialmente cuando controlan armas, tribunales, medios, economía y cuentan con alianzas internacionales que las sostienen.
Uno de los núcleos más polémicos de su mensaje es la crítica a la negativa a debatir la ayuda externa. Para ella, negarse incluso a discutir esa posibilidad equivale a “exigirle a sociedades exhaustas que derroquen a aparatos represivos profesionales con las manos desnudas, mientras el mundo observa desde una cómoda superioridad ética o mira para el lado”. En ese sentido, insiste: “La no violencia no puede ser una condena perpetua, ni una excusa para la inacción internacional”.
Lara Crofs aclara que su postura no implica justificar cualquier método, sino reconocer que la solidaridad real “no se limita a declaraciones, premios o hashtags, sino que implica costos políticos, presión efectiva y apoyo estratégico”. La pregunta central, afirma, no es moralizar las opciones, sino decidir qué resulta más inmoral: debatir todas las vías posibles o condenar a pueblos enteros a resistir indefinidamente.
Finalmente, lanza una reflexión dirigida a los cubanos: “Dejemos que Venezuela escoja lo que es mejor para ellos”, y reconoce que los venezolanos han demostrado estar “más valientes, más organizados y más dispuestos a la libertad” que una Cuba que arrastra “67 años con la bota en el cuello”.
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