Un joven cubano, Daniel Pérez Urrutia, de 21 años, rompió el silencio sobre su experiencia en el Servicio Militar Obligatorio, revelando un período marcado por abusos, miedo y desgaste extremo que, según sus palabras, se convirtió en una verdadera pesadilla. La información fue reportada por Cubanoticias 360.
“Más de dos años, casi tres, estuve ahí, mucho más tiempo del que me correspondía. La tortura emocional y psicológica no se la deseo a nadie. Eso no es una unidad, es una prisión de jóvenes disfrazada de verde”, afirmó Daniel, describiendo un ambiente de trabajo forzado, castigos arbitrarios y humillación constante, lejos de la narrativa oficial que presenta el servicio como escuela de valores y disciplina.
Según relató al medio, su jornada comenzaba antes del amanecer, entre frío, suciedad y gritos. Las primeras semanas tuvieron cierto orden, pero al tercer mes todo cambió: trabajos constantes de chapear, cargar y pintar, además de tareas degradantes como limpiar baños insalubres o lavar pertenencias de los superiores bajo amenazas físicas y verbales. “Limpiar los inodoros, muy sucios, a toda prisa, con un guardia encima amenazando o golpeándote si te demorabas. Se burlaban de nosotros mientras trabajábamos. Si protestabas, no comías; ibas al calabozo o te encerraban. Los golpes eran seguros. Cinco o seis contra uno. Estábamos débiles, casi no dormíamos”, denunció.
Daniel también relató que intentos de comunicarse con su familia o expresar su malestar solo empeoraban la situación. Tras una visita familiar, las represalias se intensificaron, advirtiéndole que permanecería años más si se complicaba. Uno de los episodios más traumáticos fue cuando un sargento le apuntó a la cabeza con un arma cargada, un acto que el joven calificó de “terror puro”.
Además, su liberación se extendió seis meses más por pretextos administrativos, afectando su vida personal y académica: “Seis meses más ahí me atrasaron la universidad y perdí un año completo. No puedo explicar la felicidad del día que salí”, afirmó.
Daniel decidió contar su experiencia no solo como un acto de catarsis personal, sino para visibilizar las condiciones extremas que enfrentan los jóvenes en estas unidades. “No quiero volver a tocar el tema, pero sentí que contar mi historia podía ayudarme a soltarlo y, tal vez, animar a otros a hablar. Eso no es formación ni disciplina. Solo te enseña cuán crueles pueden ser las personas en ese infierno”, declaró.
Su testimonio pone de nuevo sobre la mesa la realidad del Servicio Militar en Cuba, un sistema que, lejos de educar, deja secuelas profundas en quienes lo cumplen, según denuncias de varios jóvenes a lo largo de los años.
Fuente: Cubanoticias 360
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