Este 2 de febrero, Día de la Virgen de la Candelaria, las campanas de la Catedral de Nuestra Señora de la Candelaria en Camagüey no solo repicaron por la tradición, sino también por un mensaje cargado de simbolismo político y social. El embajador de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, estuvo presente frente al campanario histórico y registró un breve video que rápidamente se viralizó en redes sociales.
“¡Aquí suenan las campanas en Camagüey! ¡Qué bonito! ¡Qué significará? Nos vemos por las calles de Camagüey. ¡Hasta la próxima!”, expresó Hammer, acompañado del mensaje: “Lindo amanecer en Camagüey. #ConCubanosDeAPie”. La escena, sencilla pero poderosa, captó la atención de muchos cubanos, que interpretaron el sonido de las campanas como un símbolo de esperanza, purificación y renacimiento.
La festividad de la Candelaria invita tradicionalmente a cortar lo viejo y abrirse a lo nuevo, una metáfora que en el contexto actual de Cuba adquiere un significado político ineludible. El gesto de Hammer coincide con un momento en que el régimen cubano intenta reformular su narrativa diplomática: por primera vez en décadas, el MINREX emitió un comunicado sin mencionar el “bloqueo” ni referirse al “imperio” o al “socialismo”, enfocándose en cooperación técnica, lucha contra el terrorismo y ciberseguridad. Analistas interpretan esto como un intento de mostrar conciliación frente a la presión internacional.
En este marco, la imagen de Hammer en Camagüey —una ciudad histórica, espiritual y rebelde— se transforma en un contrapunto visual y simbólico frente al discurso oficial. Mientras el régimen busca reinventarse, el diplomático sonriente recorre calles, saluda a los cubanos y participa de una tradición cultural y religiosa que muchos perciben como un llamado al cambio, al corte con lo estéril y al renacer.
El repique de las campanas, según la tradición cristiana, marca el fin del invierno espiritual y el inicio de la luz nueva. En las redes sociales, los usuarios destacaron esta coincidencia entre la festividad y la situación del país: “Hoy es día de cortar lo muerto, y que florezca lo vivo”, escribió un internauta. Otro señaló: “Las campanas suenan por una Cuba nueva”.
Sin necesidad de discursos políticos, la escena transmitió un mensaje potente: la esperanza también puede ser diplomática. Bajo el sol de febrero, en Camagüey, las campanas resonaron no solo como aviso religioso, sino como símbolo de vida nueva, de renovación y de fe en que el país puede desprenderse de su pasado más oscuro. En este eco histórico, muchos cubanos escucharon algo más que un saludo: una promesa de corte con lo viejo y de renacer.
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