Figuras emblemáticas del béisbol en Cuba, encabezadas por Frederich Cepeda, rindieron homenaje a Dany Miranda en un sepelio cargado de respeto, emociones y memoria deportiva, donde también estuvieron autoridades y exjugadores que marcaron época.
El béisbol cubano despidió a uno de sus hombres más respetados y queridos. La partida física de Dany Miranda, a los 47 años, dejó un vacío profundo que quedó evidenciado durante su sepelio, donde coincidieron figuras históricas, dirigentes deportivos y representantes del movimiento atlético nacional.
Entre los presentes destacó Frederich Cepeda, uno de los peloteros más grandes de la isla en las últimas décadas, quien acudió a rendir tributo a un colega que trascendió no solo por su talento, sino por su calidad humana. Junto a él, muchos que lo vieron brillar como jugador y mánager.
Hablar de Dany Miranda es recordar a un pelotero completo. Fue campeón olímpico en Juegos Olímpicos de Atenas 2004, además de titularse en campeonatos mundiales en distintas categorías, desde la sub-15 hasta el nivel universitario. Su rendimiento ofensivo en Series Nacionales, con promedio de .290, más de 500 impulsadas y una defensa casi impecable, lo colocan entre los jugadores más sólidos de su generación.
Pero su legado no se limitó al terreno. Como director, demostró una filosofía basada en la humildad y el trabajo colectivo. Al frente de los Tigres de Ciego de Ávila y la selección sub-23 de Cuba, logró resultados relevantes, incluyendo la clasificación a un mundial que devolvió visibilidad internacional al equipo.
Quienes lo conocieron coinciden en que su mayor virtud fue la sencillez. No buscaba protagonismo, sino resultados. Creía en el liderazgo desde el ejemplo y en el respeto como base del éxito. Sus palabras, recordadas por muchos de sus jugadores, reflejan esa visión: el protagonismo pertenece a quienes están en el terreno.
Su muerte repentina deja una sensación difícil de asimilar. En términos beisboleros, es como una recta imposible de conectar. Sin embargo, quienes compartieron con él saben que su enseñanza permanece: jugar con pasión, dirigir con respeto y construir equipos donde prime la unidad.
El béisbol cubano pierde a un hombre valioso; su huella seguirá viva en cada jugador que entendió, gracias a él, que el verdadero liderazgo no se impone: se gana.
Fuentes: Publicación Diga Ud. Pavel Otero
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