Durante años, la relación entre Cuba y Venezuela fue presentada como un modelo de “cooperación solidaria” centrada en programas sociales, intercambio cultural y asistencia médica. Sin embargo, tras los recientes acontecimientos en territorio venezolano y la confirmación de la muerte de decenas de cubanos en medio de una operación de alto perfil, ese relato comenzó a resquebrajarse de forma irreversible. Lo que por décadas fue negado de manera categórica por La Habana y Caracas hoy vuelve al centro del debate internacional.
Desde los tiempos de Fidel Castro y Hugo Chávez, ambos gobiernos insistieron en que no existía participación militar cubana en Venezuela. La narrativa oficial defendía que la presencia cubana se limitaba a médicos, entrenadores deportivos, maestros y asesores técnicos. Cualquier referencia a seguridad, inteligencia o apoyo estratégico era tachada de propaganda política promovida desde Washington.
Esa línea discursiva se mantuvo intacta incluso en los momentos más tensos de la crisis venezolana, cuando aumentaban las protestas, la presión diplomática y las denuncias de organismos internacionales por violaciones de derechos humanos. Voceros de ambos regímenes repetían que no había tropas cubanas ni personal de seguridad operando junto al aparato estatal venezolano, y que las acusaciones formaban parte de una campaña de desestabilización.
No obstante, los hechos recientes obligaron a reconocer pérdidas humanas de origen cubano durante una operación vinculada directamente a la estructura de poder en Caracas. Esa admisión, directa o indirecta, puso en entredicho décadas de desmentidos oficiales y abrió nuevas preguntas sobre el verdadero alcance de la cooperación entre ambos países. Si no existía participación en áreas sensibles, ¿por qué había ciudadanos cubanos en zonas de alto riesgo vinculadas al control político y militar?
Analistas señalan que la alianza Cuba–Venezuela no solo ha sido ideológica, sino también estratégica. El intercambio de petróleo por servicios, el entrenamiento de cuadros políticos y el apoyo en áreas de inteligencia habrían sido componentes clave para la supervivencia de ambos gobiernos en contextos de crisis económica y aislamiento internacional. Sin embargo, estos aspectos rara vez fueron reconocidos públicamente.
El colapso del discurso oficial no ocurre solo por declaraciones externas, sino por la imposibilidad de sostener una versión que ya no encaja con los hechos. Las contradicciones acumuladas, sumadas a las admisiones recientes, refuerzan la percepción de que la cooperación fue mucho más profunda de lo que se admitía ante la opinión pública.
Para muchos observadores, lo ocurrido marca un punto de inflexión. No solo porque se exponen inconsistencias históricas, sino porque se evidencia el costo humano de alianzas políticas que, durante años, se presentaron como puramente solidarias. La narrativa de médicos y maestros, sin participación en asuntos de seguridad, queda ahora bajo una sombra de duda difícil de disipar.
Fuente: Periódico Cubano
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