La escasez de efectivo en Cuba se agudiza y obliga a miles de ciudadanos, especialmente jubilados, a pasar horas en filas sin garantía de poder retirar su dinero. Fallos eléctricos, límites de extracción y un sistema colapsado agravan una situación cada vez más insostenible.
La crisis de efectivo en Cuba no da tregua y se consolida como uno de los problemas más angustiosos en la vida diaria de la población. Lo que debería ser un trámite básico —retirar dinero del banco— se ha convertido en una odisea marcada por largas colas, incertidumbre y frustración.
En municipios como San José de las Lajas, las escenas se repiten a diario en sucursales del Banco Popular de Ahorro. Desde la madrugada, decenas de personas, en su mayoría jubilados, se agrupan con la esperanza de cobrar sus pensiones o acceder a efectivo para cubrir necesidades básicas. Sin embargo, llegar temprano no garantiza nada.
El proceso bancario está lejos de ser eficiente. La falta de liquidez, sumada a apagones frecuentes y escasez de personal, provoca interrupciones constantes en el servicio. Muchos pasan horas bajo el sol para luego recibir la noticia de que “no hay dinero” o que el sistema está caído.
A esto se suma otro obstáculo: los límites diarios para retirar efectivo. Aunque gran parte de los trabajadores cobra su salario mediante tarjetas, la realidad del país obliga a depender del dinero físico. En el comercio informal —que domina buena parte del mercado— los pagos electrónicos no son una opción viable, lo que deja a miles de cubanos atrapados entre un sistema bancario que no responde y una economía que exige efectivo.
Durante los días de pago de pensiones, la situación empeora. Prácticamente todos los recursos de los bancos se concentran en ese proceso, paralizando otros servicios como depósitos, transferencias o solicitudes de crédito. Esto obliga a los clientes a regresar varias veces, gastando tiempo, dinero y energía sin certeza de resolver sus gestiones.
La escasez también ha dado paso a prácticas que encarecen aún más la vida. Algunos optan por transferencias digitales, pero con recargos que oscilan entre un 10% y un 20%, una especie de “comisión informal” que golpea directamente el bolsillo del ciudadano común.
Expertos advierten que el problema va más allá de los bancos. La falta de efectivo es reflejo de una crisis estructural: baja producción, inflación descontrolada y escasez de divisas. Mientras no se atiendan estas causas de fondo, el acceso al dinero seguirá siendo un privilegio incierto para millones de cubanos.
En medio de este panorama, la pregunta sigue siendo la misma cada mañana frente a un banco: ¿habrá dinero hoy?
Fuente: Directorio Noticias
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