La Terminal de Camiones que conecta La Habana con Pinar del Río se convirtió este viernes en un escenario de caos y frustración para cientos de cubanos, según reportó Manuel Viera a través de sus redes sociales. Decenas de personas esperaban durante horas por transporte que nunca llegó, mientras los ómnibus con pasajes previamente vendidos fueron cancelados sin aviso, dejando a los viajeros varados en plena calle 100.
“El caos es total. Muchos tienen pasajes, pero los ómnibus no llegan. Mientras tanto, los cuatro barrigones que te están matando de hambre no dejan de repetir que el país no va a colapsar. No puede colapsar lo que ya ha colapsado”, denunció Viera, reflejando el malestar generalizado que se ha extendido por la isla ante la crisis de movilidad y servicios básicos.
El colapso del transporte es solo una muestra de los problemas estructurales que afectan a Cuba: la escasez de combustible, la insuficiencia de piezas de repuesto y la limitada capacidad operativa de las compañías estatales de transporte han generado retrasos sistemáticos y cancelaciones masivas, complicando la vida cotidiana de millones de personas. Las largas filas, el desorden y la falta de información han incrementado la frustración de los usuarios, muchos de ellos con compromisos laborales y familiares pendientes.
Analistas independientes señalan que la situación refleja no solo deficiencias logísticas, sino también el efecto acumulado de políticas de control centralizado, décadas de crisis económica y la falta de alternativas privadas de transporte que puedan aliviar la presión sobre el sistema estatal. Mientras el Gobierno insiste en mensajes de estabilidad y asegura que “el país no va a colapsar”, la realidad diaria contradice la narrativa oficial y evidencia un desgaste creciente en la infraestructura y en la paciencia de la población.
En medio de la incertidumbre, ciudadanos como Manuel Viera hacen un llamado a visibilizar la gravedad de la situación, denunciando que lo que las autoridades describen como desafíos manejables ya se ha convertido en un colapso tangible que afecta la movilidad, la alimentación y el bienestar general de la población.
El caos en la Terminal de Camiones de La Habana es un reflejo más de la crisis estructural que enfrenta Cuba y del descontento de un pueblo que ve cómo sus necesidades básicas no se cumplen mientras la retórica oficial permanece inalterable.
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