En medio de una crisis energética que no cesa, el precio de una balita de gas licuado de petróleo (GLP), indispensable para cocinar en millones de hogares cubanos, ha alcanzado cifras estratosféricas en el mercado informal, llegando hasta 50 000 CUP en algunas localidades de la Isla. Esta escalada sin precedentes ocurre tras la suspensión indefinida de la distribución oficial por parte de Cubapetróleo (CUPET) debido a la falta de suministro del producto importado, situación que agrava una crisis que se ha arrastrado durante meses.
Desde finales de 2025, cientos de miles de familias cubanas han enfrentado una escasez continua de gas licuado. En provincias como Santiago de Cuba y otras del oriente del país, CUPET dejó de vender gas a la población, alegando que aún espera la descarga de un cargamento retenido sin plazo claro para su distribución. Ante esta falta de suministro estatal, el mercado informal ha cobrado protagonismo, con precios en balitas de 10 kg que oscilan entre los 10 000 y los 50 000 CUP, según localidades y disponibilidad, superando con creces el salario medio de la población y golpeando fuertemente la economía familiar.
La escasez ha obligado a miles de hogares a buscar alternativas precarias para cocinar, como el uso de leña o carbón, lo que representa no sólo un retroceso en la calidad de vida, sino también un riesgo para la salud por el humo y la exposición al fuego abierto. Familias enteras, especialmente en zonas rurales y entre personas vulnerables —ancianos, enfermos y hogares de bajos ingresos— han visto cómo su capacidad de preparar alimentos básicos queda seriamente comprometida por la falta de este combustible básico.
La situación refleja la profundización de la crisis energética que vive Cuba, en la que las dificultades para importar combustibles y el retraso de suministros desde aliados como Rusia contribuyen a la interrupción de servicios esenciales. Además, la falta de alternativas viables agrava la frustración popular, mientras que en redes sociales y conversaciones cotidianas muchos ciudadanos expresan su desesperanza ante lo que consideran una falla estructural del sistema de distribución estatal y una evidencia más de la incapacidad de las autoridades para garantizar elementos tan básicos como el gas de cocina.
En este contexto, el alza de los precios y la ausencia de una solución inmediata plantean un desafío enorme para la vida diaria de los cubanos, creando un escenario donde algo tan cotidiano como cocinar se ha convertido en un lujo inaccesible para muchos.
Fuente: Periódico Cubano
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