La guerra en Ucrania continúa generando denuncias sobre violaciones de derechos humanos, esta vez relacionadas con el supuesto reclutamiento forzoso de migrantes por parte de Rusia para reforzar sus tropas en el frente.
Organizaciones internacionales y reportes periodísticos han alertado sobre un patrón que afecta principalmente a ciudadanos de Asia Central, quienes llegan a Rusia en busca de trabajo y terminan, según estas denuncias, atrapados en procesos de coerción que los llevan directamente al campo de batalla.
Uno de los casos más recientes es el de un joven tayiko de 26 años identificado como Hushruzjon Salohidinov, quien relató su experiencia en una entrevista con Al Jazeera. Según su testimonio, fue detenido en San Petersburgo acusado de un presunto delito relacionado con un paquete con dinero robado, cargo que él niega.
El joven afirma que permaneció nueve meses en prisión sin avances en su proceso judicial y que, durante ese tiempo, fue presionado con amenazas dentro del sistema penitenciario para aceptar su incorporación al ejército ruso como “voluntario”.
De acuerdo con su relato, la alternativa que se le presentó fue clara: enlistarse para la guerra o enfrentar consecuencias más graves, incluidas amenazas de abuso y largas condenas. Finalmente, firmó un contrato militar a cambio de promesas de salario y amnistía.
Su caso, sin embargo, no sería aislado. Diversas organizaciones de derechos humanos sostienen que existe un patrón de reclutamiento dirigido a migrantes de países como Tayikistán, Uzbekistán y Kirguistán, muchos de los cuales son detenidos por supuestas irregularidades migratorias o administrativas.
Según estas denuncias, tras su arresto se les ofrece una disyuntiva: deportación o prisión, o la posibilidad de evitar ambas situaciones mediante la incorporación al ejército. En algunos casos, se han reportado incluso presiones físicas o engaños en la firma de contratos.
Un grupo ucraniano que asiste a soldados rusos que deciden rendirse ha advertido que este tipo de combatientes enfrenta tasas de mortalidad extremadamente altas en el frente, describiendo su situación como especialmente vulnerable dentro del conflicto.
El fenómeno se enmarca en un contexto en el que Rusia, históricamente dependiente de la mano de obra migrante, ha visto cómo esta población se convierte en un recurso disponible para el reclutamiento militar desde el inicio de la invasión a Ucrania en 2022.
Tras un breve entrenamiento de apenas tres semanas, Salohidinov fue enviado a la región de Luhansk, donde describe una situación de combate marcada por ataques constantes, drones y artillería pesada. Según su testimonio, recibió una orden de avanzar en campo abierto bajo fuego enemigo, una misión que consideró prácticamente mortal.
Ante esa situación, decidió rendirse junto a su superior. Afirma que, como prisionero en manos ucranianas, ha recibido alimentación y trato básico adecuado, en contraste con lo que le habían advertido.
Fuente: Infobae
Salud mental en Cuba: entre el colapso cotidiano, la automedicación y la ayuda exterior
Hace 6 horas
Detienen en Guantánamo a ciudadano de Artemisa con medicamentos controlados y arma blanca
Hace 1 día