En una semana marcada por el duelo en la escena artística cubana, el actor Frank Andrés compartió un emotivo y luminoso tributo tras la irreparable partida física de dos emblemáticos referentes de la actuación: el carismático comediante Orlando Manrufo y el insigne primer actor Héctor Echemendía.
A través de un íntimo testimonio que transita entre la nostalgia y la gratitud, el intérprete evocó la grandeza humana de ambas figuras a través de vivencias que resguardan la memoria de su genialidad.
En sus palabras iniciales, Andrés contextualizó el peso emocional del momento que atraviesa la comunidad cultural: «Va siendo una semana dura... Quizás, como cubanos que vivimos en el feudo, ya es costumbre los días aciagos.
Pero me recalcan la pesadumbre, cuando la muerte se lleva a dos artistas como estos».
La primera viñeta evoca la personalidad ingeniosa e irreverente de Orlando Manrufo, célebre por su agudeza escénica y con quien mantenía un estrecho vínculo desde sus años formativos. El actor recordó cómo Manrufo, padre de su compañera de aula Olivia, reconfortaba a los estudiantes de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Al rememorar una evaluación teatral donde recibió una calificación inesperada, revivió el instinto del humorista para desdramatizar la rigidez académica: «Todos los padres me miraban con orgullo... Por eso, Frank tiene una calificación de 85 puntos.
La gente se quedó boquiabierta. Hubo un silencio atroz en la sala, y Manrufo, siendo tan auténtico, soltó una carcajada... Al rato volvió a ponerme la mano en el hombro y me dijo: ¿Ves? Te lo dije».
Paralelamente, la crónica rinde homenaje al magisterio y a la modestia ejemplar de Héctor Echemendía, recordado por sus legendarias interpretaciones en el cine y la televisión de la isla. Andrés narró la profunda admiración que sintió al compartir plató durante el rodaje de una telenovela, destacando un episodio que retrata la humildad del experimentado intérprete al negarse a recibir privilegios de producción tras finalizar una jornada: «—Héctor, ¿ya te vas compadre? —Sí Francito. Voy pa' la parada de la 27 ahora temprano pa' que no me coja muy tarde aquí. —Cómo que en la 27? ¿No te ponen un carro asere? —No hace falta mijo».
El conmovedor escrito concluye resaltando que «la humildad viene de muchas formas, acompañada de grandeza», para sellar su adiós con una invocación poética hacia ambos creadores: «Vuela alto Héctor. Vuela alto Orlando. ¡Luz! Y gracias...».
Fuente: Testimonio y crónica personal divulgados por el actor cubano Frank Andrés
EE.UU. corta red del tío de «El Cangrejo», pero sigue sin rozar al nieto de Raúl Castro
Hace 7 horas
Venta de aceite en Camagüey: ofertan desde vasos a 600 pesos hasta litros en 2 900(Video)
Hace 1 día
Averías en la principal fuente de abasto dejan sin agua a varios municipios de La Habana
Hace 2 días
Díaz-Canel califica de «grave y complejo» el problema del abastecimiento de agua en Cuba
Hace 2 días