Canadá ha puesto en marcha una nueva vía para obtener la ciudadanía que podría beneficiar a millones de personas en todo el mundo. La medida permite acceder a la nacionalidad a quienes logren demostrar que tienen un antepasado nacido en el país, incluso si ese vínculo se remonta varias generaciones atrás.
El cambio, que entró en vigor recientemente, rompe con la antigua limitación conocida como “regla de la primera generación”, que impedía transmitir la ciudadanía más allá de los hijos nacidos fuera de Canadá. Ahora, descendientes de canadienses —incluidos nietos o bisnietos— pueden optar a este derecho si cumplen con los requisitos documentales.
La nueva política ya ha comenzado a generar un notable aumento en las solicitudes, especialmente desde Estados Unidos. En el primer mes tras su implementación, las peticiones de ciudadanos estadounidenses crecieron cerca de un 50% en comparación con el mismo período del año anterior.
El impulso a esta reforma surge tras una batalla legal protagonizada por familias que quedaron excluidas del sistema anterior. Un fallo judicial llevó al Gobierno canadiense a ampliar el acceso a la ciudadanía, abriendo la puerta a una reinterpretación más flexible del concepto de nacionalidad.
Sin embargo, el proceso no es automático. Las autoridades exigen pruebas documentales sólidas que acrediten la relación familiar con un antepasado canadiense. Esto puede implicar la búsqueda de certificados de nacimiento, registros de ciudadanía o documentos históricos que, en muchos casos, tienen más de un siglo de antigüedad. Las pruebas genéticas, por sí solas, no son válidas.
Además, existen condiciones adicionales en algunos casos. Por ejemplo, si el progenitor canadiense nació fuera del país, deberá haber residido en Canadá al menos tres años antes de poder transmitir la ciudadanía a sus hijos nacidos en el extranjero.
A pesar del entusiasmo inicial, no todas las solicitudes prosperan. En las primeras semanas de aplicación, solo una parte de los solicitantes logró obtener la confirmación de ciudadanía, lo que refleja la complejidad del proceso.
El interés por esta vía también ha provocado un aumento significativo en la demanda de archivos históricos. Instituciones encargadas de custodiar registros civiles y eclesiásticos han reportado un incremento notable en las solicitudes de documentos antiguos.
Este cambio contrasta con la tendencia de otros países desarrollados, que han endurecido sus políticas migratorias. Incluso Canadá ha reducido en los últimos años la entrada de estudiantes extranjeros y trabajadores temporales, lo que hace aún más llamativa esta apertura en materia de ciudadanía por descendencia.
Las motivaciones de quienes buscan la nacionalidad canadiense son diversas. Algunos ven en ella una oportunidad de movilidad y estabilidad, mientras que otros buscan reconectar con sus raíces familiares. También hay quienes consideran esta opción como una alternativa ante la incertidumbre política en sus países de origen.
En cualquier caso, la nueva normativa marca un giro importante en la política migratoria canadiense y podría tener un impacto duradero en la composición de su ciudadanía en los próximos años.
Fuente: The New York Times
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