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Activistas dan abrigo a cubanos que llegan a España: “Ellos han pasado un infierno”

Redacción de CubitaNOW

Sociedad, Cuba

La activista Masiel Rubio compartió este miércoles un conmovedor texto que refleja el éxodo masivo de cubanos, los momentos de incertidumbre que viven muchos que huyen del país y lo necesario de encontrar abrigo, comprensión, un oído receptivo cuando llegan a cualquier otro país.

"Ellos vienen cargados de preguntas, necesitan que alguien les explique todo, cómo hacer para seguir. Necesitan rostros que entiendan el miedo que da empezar de cero, hacer tantas cosas por primera vez todos los días. Pero, por momentos, también necesitan oídos, y te cuentan a retazos cómo ha sido llegar", contó Rubio desde Madrid, España, donde ayuda a emigrados.

"Yo pudiera contar lo que a la gente le interesa, los detalles de cómo metieron preso cuatro veces a este, cómo golpearon al otro, como casi se muere de frío y hambre aquel, los kilómetros interminables sin nada más que tu propio cuerpo, los padres con su niña diabética y una mochilita de medicinas como equipaje, la chica de los brazos cortados porque ya no podía más, los que se echaron atrás y se entregaron a la policía porque no aguantaban más. Pero no, no voy a dar detalles sobre las personas que he recibido en estos días, porque yo misma no hice preguntas, me daba miedo preguntar y hacerles revivir todo, pero ellos también necesitan a veces hablar, porque esto no es solo dar abrigos, es también dar abrigo".

"Al terminar los días, solo les quiero hablar de la nena hermosa que a todo dice 'qué lindo', porque descubre lo grande, limpio, con colores; con la sonrisa del chico frente al espejo con una chaqueta muy buena que fue de mi novio y le hace lucir como alguien muy elegante; con los abrazos de todos; con el padre que me dice que todo bien, pero que extrañan los frijoles y no les han dado arroz en el refugio ni un día, y mi promesa de hacer un día comida cubana para ellos".

Rubio también quisiera hablar "con las amigas que sin tener nada, ya quieren ver cómo ayudar a otros, con las palabras de: 'Deja que estemos bien, para nosotros también ayudar'. Por una mujer que anda recolectando que me cuenta que sus primeros abrigos también fueron donados. Y sé, por experiencia, que no son palabras vacías, esa promesa ya ha sido cumplida muchas veces por miembros de esta tribu que no paran de hacer por otros".

"Ellos han pasado un infierno, y sonríen, tienen esperanzas y han sobrepasado todos los miedos. En el fondo de los ojos se nota una resiliencia dura, terrible, y en el abrazo que me devuelven hay una humildad y unos deseos de vivir que nos dejan chicos a todos. Ellos son increíbles, y no tienen nada, o sí, tienen mucho. Cogen solo lo necesario para que alcance para otros, y piden trabajo siempre".

"Y yo, al terminar el día, me siento en una silla y me pongo a llorar sin parar. Yo, que estoy muy curtida ya y que soy un trinquete frente a todo, porque he descubierto que lo que necesitan es verte fuerte para saber que se puede estar bien, que hay más historias felices que tristes, que están por fin en un sitio seguro donde construir".

"Cuando me recupero, hago una compra online de frijoles, las promesas hay que cumplirlas, reviso los mensajes de gente que ayudará con todo y les agradezco, llamo a mi madre que ha arreglado un espacio para otra amiga que llega, y le digo que me dé el contacto de los dos albañiles que le trabajaron, también cubanos, también indocumentados, muy honestos y buenos en lo suyo, se lo pido para darles trabajo en algo que necesitamos hacer aquí en casa y recomendarlos a otros, y mi madre me dice que tendrá que ser más adelante porque el hombre ha tenido que salir corriendo para Cuba, a enterrar a su hijo, es el padre del chico de Matanzas al que le cayó el poste encima".

"Y yo cuelgo, respiro, y vuelvo a llorar. Y la mezcla es de rabia y tristeza, de angustia, de un odio que no quiero que me inunde".

"Y entonces soy yo la que tiene miles de preguntas: ¿Por qué a ellos, los del poder, no les preocupa la vida humana? ¿Por qué no les importan los jóvenes suicidas, o las niñas diabéticas a hombros de sus padres en medio de lo incierto, o los muertos, o los presos, o el miedo, el puto miedo?"

"¿Habrán ellos pasado miedo, hambre, frío? O solo son sus almas las que tienen todas estas cosas. ¿Cómo carajo pueden dormir sometiendo a la gente a tanta inseguridad, a tanto desvelo, a tanta desesperación?"

"No hay derecho a tanto crimen, no lo hay".

"Las personas tienen que tener derecho a la mesa, a la vida, a la seguridad. Tienen que tener un futuro en el que pensar sin miedo. Necesitan volver a la esperanza en su suelo".

"Mientras tanto, a nosotros nos toca escuchar, denunciar, dar abrigo, abrigos, y una esperanza nueva que tenga la fuerza suficiente de hacer que la terrible ruta, y todo lo que queda de ella en cada uno, mereciera la pena", concluyó.

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