Trabajar en Varadero, el mayor polo turístico de Cuba, ya no es un privilegio para sus empleados. Desde hace meses, llegar a los hoteles se ha convertido en un verdadero desafío diario. La escasez de combustible, junto con la falta de neumáticos, baterías y repuestos, ha reducido a menos de la mitad las guaguas de Transmetro que conectaban Matanzas y Cárdenas con la península. Aunque muchos ómnibus de Transtur permanecen estacionados sin uso, solo están autorizados para transportar turistas, dejando a los trabajadores sin alternativas.
El periódico oficialista Girón describe el caos cotidiano en un extenso reportaje, mostrando la rutina de Wicho, un veterano del turismo con 36 años de experiencia, que debe salir a las 4:30 a.m. para recorrer 50 kilómetros hasta su trabajo. Antes, en caso de fallas en el transporte, podía alquilar un carro; hoy su salario no permite improvisaciones. Los horarios de regreso también se han modificado: el turno tradicional de las 3:30 p.m. desapareció, dejando a los empleados a la espera hasta las 5:30 p.m., sin certeza de si el ómnibus llegará.
La Empresa Provincial de Transporte admite que solo cuenta con el 32% del combustible asignado antes de la crisis, lo que mantiene a miles de empleados turísticos en un limbo diario. Transmetro confirma que la transportación hacia Varadero, que antes recibía 8.500 litros diarios desde Matanzas y 6.500 desde Cárdenas, hoy opera con menos de la mitad. La disponibilidad técnica también se ha desplomado: solo 66 vehículos activos de los 145 necesarios, con neumáticos, baterías, lubricantes y piezas básicas escaseando.
Este déficit obliga a improvisaciones que generan más problemas que soluciones. La llamada “segunda posición”, que recoge a los empleados que quedaron varados, llega tarde y afecta directamente los ingresos: quien llega tarde al hotel pierde parte de su salario, mientras quienes trabajan horas extras no reciben remuneración adicional. Marta Yarisleydis Torriente, secretaria provincial del sindicato de Hotelería y Turismo, señala que “los trabajadores se ven cansados, sonríen poco, y el cliente se da cuenta”.
A pesar de la situación, algunos directivos intentan minimizarla. Raidel Paumier, director de Transmetro en Matanzas, afirma que “no existe una inestabilidad”, solo “algunos atrasos”, y que “no hemos dejado de transportar a nadie”. Sin embargo, los trabajadores relatan otra realidad: rutas incompletas, guaguas rotas y choferes que pasan de largo por paradas, dejando a los empleados con largas esperas y malos tratos, reflejo del desgaste general del sistema.
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