La actriz cubana Paula Alí fue distinguida con el Premio Nacional de Televisión 2026, el máximo reconocimiento que concede el Instituto de Información y Comunicación Social (ICS) a figuras de destacada trayectoria en la televisión cubana. El galardón reconoce décadas de trabajo artístico y su significativa contribución al medio.
Este lauro rinde homenaje a sus más de seis décadas de entrega ininterrumpida a las pantallas cubanas, donde ha destacado por su extraordinaria versatilidad tanto en el drama de las telenovelas como en la comedia y los programas de corte humorístico. Con esta distinción, se celebra no solo su maestría técnica y su rigor profesional, sino también el profundo impacto cultural y el arraigo popular de una figura que se ha convertido en un patrimonio vivo de la actuación y la identidad de la isla.
Paula Alí no ha necesitado nunca el permiso de un decreto ministerial para ser la reina absoluta de los corazones cubanos. Aunque su inmensidad artística ha caminado muchas veces al margen de los bombos y platillos de los despachos oficiales, a ella le ha sobrado con el aplauso limpio que retumba en los barrios de toda la isla desde hace más de sesenta años. Su carrera no se mide en condecoraciones de oficina, sino en la risa sanadora de un pueblo que la adoptó como familia.
Cuenta la leyenda que Paula se quedaba embobada mirando aquella pantalla ajena hasta las tantas de la noche, y tanto le picó el bicho del arte que agarró sus maletas y se plantó en La Habana. Empezó en 1959 como modelo porque, las cosas como son, porte y gracia le sobraban.
Pero el modelaje le quedaba chico a tanta pimienta. En 1965 se metió en el Teatro Martí, la catedral del teatro bufo y vernáculo cubano. ¡Ahí fue donde se armó! Imagínense a Paula, aprendiendo los secretos del chiste rápido, la salida pícara y la improvisación criolla. Esa fue su verdadera escuela: la risa del cubano de a pie.
Luego se puso seria, pero solo un poquito, para meterse en el prestigioso colectivo Teatro Estudio bajo la guía de monstruos de la escena como Raquel y Vicente Revuelta, y la inolvidable Berta Martínez. Allí demostró que lo mismo te hacía llorar en La casa de Bernarda Alba o Aire frío, que te dejaba con la boca abierta encarnando a una arrolladora y aplaudida Celestina con el grupo El Público.
Pero donde Paula Alí se metió en la cocina de cada casa cubana fue en la pequeña pantalla. ¿Quién no se acuerda de ella en El año que viene, Salir de noche, Vuelve a mirar o más recientemente en Los hijos de Pandora? . Cada aparición suya era el momento de dejar de fregar los platos o apagar el fogón para escucharla. Y claro, tenemos que hablar del fenómeno nacional: la Doctora de Punto G con aquella bata médica, sus consejos picantes y sus caras de "yo no fui", Paula se convirtió en terapia nacional colectiva durante los momentos más duros.
En el cine hizo lo propio; bastaba ver su icónico y aplaudido monólogo en la película Nada (2001) para confirmar que su genio no cabía en este planeta.
Los premios institucionales, que llegaron tarde, como el Premio Nacional de Televisión 2026, solo vinieron a firmar un papel que el público ya había sellado hacía décadas.
Paula Alí es para Cuba el sinónimo más puro de cercanía, humildad y entrega total. Es la demostración viva de que se puede tocar el cielo del arte sin bajarse jamás del nivel de la gente. Paula no es un monumento frío de mármol; es el abrazo cálido que a todo cubano le reconforta el alma.
Todos coinciden en que la inmensidad de Paula Alí jamás dependió de los oropeles oficiales ni de los dictados administrativos, sino de un pacto ético e indestructible con su gente.
Mientras las instituciones otorgan hoy un documento firmado, los cubanos celebran a la mujer que detuvo el tiempo en millones de hogares, borrando las penurias diarias con el bálsamo de una sola mirada pícara o un silencio dramático cargado de verdad.
Paula Alí recibe este lauro no como quien asciende a un pedestal inalcanzable, sino como la vecina entrañable que, habiendo conquistado la cima del arte iberoamericano, elige seguir caminando descalza y a la misma altura de su pueblo. El Olimpo de la televisión cubana tiene su nombre grabado en letras de oro, recordándonos que el éxito verdadero solo le pertenece a aquellos que supieron transformarse en el latido mismo de su tierra.
Fuente: Yunier Diaz, Canal Caribe, Paula Alí Ezcuba
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