Un cargamento de 14,5 toneladas con medicamentos, alimentos, ropa y artículos de primera necesidad llegó a Santiago de Cuba como parte de un donativo procedente de Martinica. Según se informó, la ayuda fue enviada desde la localidad de Lamentin y estaría destinada a apoyar a la población impactada por el huracán Melissa.
El envío incluye medicinas, productos de aseo y juguetes para niños. Parte de los recursos proviene de la cooperación médica de esa localidad y otra parte fue adquirida a partir de contribuciones económicas realizadas por ciudadanos martiniqueños, de acuerdo con declaraciones de Judith Laborieux, vicealcaldesa de la Seguridad Civil de Lamentin.
Del lado cubano, Yaneidis Hechavarría, presidenta del Consejo de Defensa Municipal, aseguró que el “donativo contribuirá a paliar la compleja situación que enfrenta el municipio, especialmente en el sector de la salud”. Según su explicación, los medicamentos serán distribuidos a instituciones sanitarias y, a través de estas, llegarán a la población. La funcionaria agradeció públicamente el gesto.
Sin embargo, más allá del discurso institucional, las donaciones y ayudas sociales suelen estar rodeadas de cuestionamientos. En distintas ocasiones, ciudadanos han denunciado que recursos llegan incompletos, se entregan en mal estado o no alcanzan a quienes más los necesitan, en procesos gestionados con poca claridad y sin información verificable sobre el destino final.
Un ejemplo reciente que generó indignación ocurrió en el municipio San Luis, en Santiago de Cuba, a partir de la supuesta asistencia entregada a un anciano de 86 años. El caso —difundido en redes— describía una “donación” gestionada por una trabajadora social que consistía únicamente en ropa vieja y deteriorada: una chaqueta gastada y un pantalón con manchas y roturas visibles. Las imágenes asociadas a la denuncia mostraban al hombre muy delgado, sin calzado, en una silla de ruedas en mal estado, dentro de una vivienda con serias carencias.
La misma denuncia señalaba que la trabajadora social pidió la firma de cuatro documentos, sin explicar su contenido ni permitir que fueran revisados con claridad, lo que aumentó el malestar de vecinos y familiares.
A finales de noviembre, también circularon acusaciones sobre el destino de donaciones de alimentos destinadas a menores y personas vulnerables en Santiago de Cuba. En ese testimonio, una madre identificada como Yurisleidis Remedios afirmó que los módulos se entregaban solo a niños de 0 a 4 años, dejando fuera a otros menores que también lo necesitaban, y denunció que parte de los recursos terminaba en manos de funcionarios y trabajadores sociales, a lo que llamó un “robo infantil”.
En ese contexto, el nuevo donativo llegado desde Martinica se recibe como un alivio para un territorio golpeado, pero también como una prueba para un sistema de distribución que, según numerosas quejas ciudadanas, arrastra problemas de transparencia y prioridades a la hora de hacer llegar la ayuda a quienes realmente la necesitan.
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