La administración de Donald Trump ha dado marcha atrás parcialmente a una política migratoria que afectaba a profesionales de la salud, al reanudar discretamente los procesos de visado para médicos provenientes de decenas de países previamente incluidos en restricciones de entrada.
La medida, confirmada por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, permite nuevamente tramitar permisos de trabajo, renovaciones de visados y solicitudes de residencia para estos especialistas, quienes habían quedado en una situación de incertidumbre tras la paralización de sus casos a inicios de año.
El cambio se produjo sin un anuncio oficial amplio. Fue el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos el que actualizó su sitio web indicando que los médicos ya no están sujetos a la suspensión de trámites. La decisión llega luego de semanas de presión por parte de hospitales y organizaciones médicas que alertaron sobre el impacto de la medida en el sistema sanitario.
Estados Unidos enfrenta actualmente un déficit significativo de profesionales de la salud. Según estimaciones de la Asociación de Colegios Médicos Estadounidenses, el país podría necesitar hasta 65.000 médicos adicionales, cifra que podría aumentar en los próximos años debido al envejecimiento de la población y la jubilación de especialistas.
Los médicos extranjeros desempeñan un papel clave en este contexto: representan aproximadamente una cuarta parte del total de profesionales en ejercicio y más del 60 % trabaja en atención primaria, áreas que suelen ser menos atractivas para médicos locales por sus condiciones laborales y salariales.
Durante la suspensión de los trámites, numerosos profesionales quedaron fuera de sus puestos o en riesgo de perderlos, afectando especialmente a comunidades rurales o desatendidas. Algunos incluso enfrentaron problemas legales, como el caso de un médico venezolano detenido temporalmente en Texas tras quedar sin estatus migratorio válido.
La presión del sector médico fue determinante. Más de 20 asociaciones profesionales enviaron una carta a las autoridades solicitando una excepción por interés nacional y la agilización de los procesos, advirtiendo que miles de médicos estaban en riesgo de no poder continuar ejerciendo.
Además, cerca de 1.000 médicos que están por concluir sus residencias en hospitales estadounidenses podrían haberse visto obligados a abandonar sus puestos, mientras que otros aspirantes aceptados en programas que inician en julio permanecían en la incertidumbre.
Expertos legales han calificado la reactivación de los trámites como un paso importante, aunque insuficiente para resolver completamente el problema. La política migratoria previa había ampliado las restricciones a ciudadanos de hasta 39 países, lo que generó críticas por su impacto en sectores esenciales como la salud.
Aunque la medida alivia parcialmente la situación, persisten dudas sobre la estabilidad de estas políticas y su impacto a largo plazo. Por ahora, hospitales y comunidades que dependen de estos profesionales ven en esta decisión un respiro ante la creciente presión sobre el sistema sanitario estadounidense.
Fuente: The New York Times
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