Cuba amaneció nuevamente a oscuras… pero no solo por la falta de electricidad: también por la falta de esperanza, de respuestas y de respeto. Lo que ocurre hoy en Santiago de Cuba —una ciudad hundida en sombras, silencio y resignación forzada— es exactamente el reflejo de lo que vive toda la Isla.
Desde Pinar del Río hasta Guantánamo, el apagón no es una falla técnica; es el retrato de un sistema desgastado, incapaz y ciego ante la tragedia que él mismo produce.
Mientras Santiago intenta cocinar con las brasas del desespero y La Habana protesta porque ya no aguanta más, el discurso oficial insiste en que “el país avanza”, en que “se trabaja sin descanso”, en que “la recuperación es visible”. ¿Dónde? ¿En qué esquina? ¿En qué barrio que no sea de dirigentes? La gente no ve avances: ve velas, oscuridad, comida echándose a perder, ancianos sofocados por el calor, niños llorando, barrios enteros viviendo como en una guerra sin bombas, pero con las mismas ruinas.
Cada circuito apagado es una herida. Cada noche sin luz es un recordatorio de que la vida en Cuba dejó de ser vida hace rato. Y aun así, los opresores hablan de “pasos firmes”, “proyectos futuros” y “confianza en la victoria”. ¿Victoria de quién? ¿De los que duermen con aire acondicionado mientras el pueblo hierve en la oscuridad? ¿De los que se trasladan en autos oficiales, iluminados, escoltados, mientras la nación entera se deshace a pedazos?
Santiago vive un infierno eléctrico desde hace meses, pero no es la excepción: Holguín, Camagüey, Las Tunas, Granma, Cienfuegos, Matanzas… cada provincia lleva su propio calvario, solo que algunos lo gritan y otros, agotados, ya ni voz tienen. La arbitrariedad en los horarios, el castigo selectivo, los barrios privilegiados frente a los barrios olvidados, todo forma parte de una realidad que nadie puede tapar con consignas.
La gente lo dice claro en cada comentario, en cada barrio, en cada protesta espontánea: “Basta ya”, “Esto es abuso”, “No queremos comunismo”. La rabia crece, la paciencia se agota y la oscuridad, paradójicamente, ha hecho que muchos abran los ojos.
Cuba no necesita linternas. Cuba necesita luz verdadera. Y esa luz no llegará mientras sigan mandando los mismos que apagaron el país.
Del perfil de Yosmany Mayeta
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